EL PP anuncia que la reforma sanitaria puede tocar todo
Publico : El PP avisa que la reforma sanitartia puede tocar todo.
El País: Guindos anuncia nuevas refromas en sanidad y educación.
El Periodico:El PP anuncia que la sanidad pública necesita “un buen tiempo en la uci”.
¿Qué pretenden, qué quieren conseguir?
Pues traspasar a su propiedad privada dos de los mecanismos claves para la equidad, las dos cosas a las que los humanos, respirar, beber, comer y procrear al margen, no renunciaremos nunca: salud para vivir, educación para vivir mejor en el futuro. Ellos, los oscuros mercados, saben que pagaremos por tenerlas porque no hay futuro sin salud ni educación. ¿Les permitiremos que se las apropien con el único objetivo de acumular riqueza a costa de los derechos sociales de la mayoría? Aceptaremos convertirnos – aún más – en objetos de negocio?
En la página 40 de su edición del miércoles 14 de marzo, el diario El País incluía una espectacular página de publicidad en color. Sobre un fondo verde, la palabra Cáncer aparecía tachada en rojo. Es el logo de la mayor transnacional médica mundial especializada en cáncer: el MD Anderson Cáncer (tachado) Center. Debajo dos titulares: “Solo tenemos un objetivo: Vencer al cáncer”. “Juntos venceremos al cáncer”.
¿Dónde está el negocio?
Por una parte, sin duda, en el miedo que inspira el cáncer, asociado en el imaginario y en la experiencia de la sociedad al sufrimiento y a la muerte. Cuando la evolución de la enfermedad alcanza los niveles de alto riesgo, incluso personas de recursos modestos pueden invertir sus bienes y ahorros, y los de sus familias, persiguiendo la última esperanza de quienes se presentan, con la cuidada ambigüedad del lenguaje publicitario, como una institución capaz de “tachar” al cáncer.
Pero esto no es suficiente: la clave del negocio en países son sistemas potentes de sanidad pública está en colonizar el sistema público. Para ello, un primer paso se da desde dentro, dejando actuar a la sobresaturación que crece en progresión geométrica de los departamentos de oncología, atendidos en condiciones tan ejemplares, como crecientemente inmanejables por un personal sanitario desbordado.
Por Ugo Mattei, Profesor de Derecho Internacional Comparado en el Hastings College of the a Law de la Universidad de California, autor de Beni comuni. Un manifesto, Laterza, Bari-Roma, 2011. Le Monde Diplomatique Diciembre 2011
¿Cómo proteger la propiedad colectiva en un momento en que los gobiernos se deshacen de los servicios públicos y dilapidan los recursos naturales que heredaron por ejemplo para “equilibrar” su presupuesto? La nocíón de “bienes comunes” propone superar la antinomia entre propiedad pública y propiedad privada.
Cuando un Estado privatiza una vía de ferrocarril, una línea de transporte aéreo o un hospital, cuando cede la distribución de agua potable o vende universidades, expropia a la comunidad de una parte de sus bienes; una expropiación simétrica a la que realiza sobre la propiedad privada cuando desea construir un camino o alguna otra obra pública. En un proceso de privatización, el gobierno vende algo que no le pertenece, sino que pertenece proporcionalmente a cada uno de los miembros de la comunidad, de la misma manera que cuando se apropia de un campo para construir una autopista, adquiere mediante la coerción una propiedad que no es suya.
Es decir que toda privatización decidida por la autoridad pública –representada por el gobierno de turno– priva a cada ciudadano de su cuota de bien común, exactamente como en el caso de una expropiación de un bien privado. Pero con una diferencia importante: la tradición constitucional liberal protege al propietario privado del Estado constructor, instituyendo la indemnización por expropiación, mientras que ninguna disposición jurídica –y menos aún constitucional– ofrece ninguna protección cuando el Estado neoliberal traslada al sector privado los bienes de la colectividad.
Debido a la evolución actual de la relación de fuerzas entre los Estados y las grandes empresas transnacionales, esta asimetría representa un anacronismo jurídico y político. La misma irresponsabilidad constitucional autoriza a los gobiernos de turno a vender libremente el bien de todos para financiar su política económica. Nos hace olvidar que los poderes políticos deberían ponerse al servicio del pueblo soberano, y no a la inversa.
En efecto, el “sirviente” (el gobierno) debe poder disponer de los bienes de sus mandatarios (los ciudadanos) para cumplir correctamente su servicio; pero su papel es el de un administrador de confianza, no el de un propietario libre de abusar de su patrimonio. Porque una vez enajenados, maltratados o destruidos, los bienes comunes dejan de existir para la colectividad. No son reproducibles y difícilmente sean recuperables, tanto para la generación presente –en el caso de que se dé cuenta de que ha escogido mayoritariamente a un sirviente malvado– como para las que vienen, a las cuales ni siquiera se les puede reprochar una elección que no hicieron. La cuestión de los bienes comunes pasa primero por una forma constitucional, ya que es en las Constituciones donde los sistemas políticos fijan las decisiones de largo plazo que quieren sustraer de la arbitrariedad de los gobiernos sucesivos (1).
Un nuevo lugar para lo “público”
Así pues, es importante desarrollar una elaboración teórica, acompañada por una defensa militante, que trate los “bienes comunes” como una categoría con autonomía jurídica que constituya una solución de recambio, tanto para la propiedad privada como para la propiedad pública (2). Esta tarea se revela más necesaria en la medida en que el sirviente padece hoy el vicio mortal del juego (el crédito, más que el impuesto, financia sus actividades), lo cual lo hizo caer en manos de usureros claramente más fuertes que él. En la aplastante mayoría de los Estados, en efecto, el gobierno, sometido por muchos canales a los intereses financieros globales, liquida los bienes comunes por fuera de todo control y ofrece como explicación la necesidad de pagar sus deudas de juego. Esta lógica enmascara como natural y obligatorio un estado de cosas que en realidad resulta de elecciones políticas constantes y deliberadas.
La conciencia de los bienes comunes, es decir el hecho de ver en ellos instrumentos para la satisfacción de las necesidades y derechos fundamentales de la colectividad, no es algo que se decida en los papeles (3). Se forma en el marco de las luchas –que a menudo terminan en derrotas pero siempre resultan emancipadoras– que se llevan adelante para defenderlos en el mundo entero. En muchos casos, los verdaderos enemigos son justamente aquellos Estados que deberían ser sus fieles guardianes. Así, la expropiación de los bienes comunes a favor de los intereses privados –multinacionales, por ejemplo– es a menudo obra de gobiernos ubicados en una posición de creciente dependencia (y por lo tanto, de debilidad) con respecto a las empresas que les dictan políticas de privatización, de “consumo” del territorio y de explotación. Desde este punto de vista, la situación de Grecia e Irlanda es particularmente emblemática.
La tradición occidental moderna se desarrolló en el marco de la dialéctica Estado-propiedad privada, en un momento histórico en que sólo esta última parecía necesitar protección frente a gobiernos autoritarios y omnipotentes. De ahí provienen las garantías constitucionales que son la utilidad pública, el ámbito reservado a la ley (que le garantiza al legislador el monopolio de ciertas cuestiones, si se excluyen las intervenciones de otros poderes del Estado en forma de decretos o regulaciones) y la indemnización. Pero ahora que la relación de fuerza entre Estado y sector privado evolucionó, la propiedad pública también necesita protecciones y garantías a largo plazo. Pero he aquí que estas son difíciles de concebir dentro del marco tradicional, que restringe la cosa pública al Estado. Es por eso que la protección liberal clásica de lo privado en relación al Estado ya no alcanza.
La conciencia política de la expropiación o del saqueo de los bienes comunes en el marco de las luchas actuales (por el agua, la universidad pública, la alimentación, contra las grandes obras que degradan los territorios) emerge a menudo de manera difusa, sin por ello desembocar en la elaboración de nuevas herramientas teóricas capaces de representar dicha conciencia e indicar una dirección común para esas movilizaciones. La categoría de los bienes comunes es llamada a cumplir esta nueva función constitucional de protección de lo público frente al Estado neoliberal y el poder privado.
Esta noción dio un salto cualitativo cuando, en 2009, la economista norteamericana Elinor Ostrom recibió el premio Nobel de Economía por sus trabajos sobre los commons y, en particular, por su libro La gobernanza de los bienes comunes (4). La especialista se convirtió incluso en una palabra clave del paisaje internacional. No obstante, esta consagración borró ampliamente su potencial crítico. En la comunidad científica, la obra de Ostrom no se tradujo en un reconocimiento pleno y entero de las consecuencias revolucionarias que podía tener la posición central de los bienes comunes entre las categorías de lo jurídico y lo político.
La “tragedia de los bienes comunes” (5) –idea según la cual el libre acceso de los individuos a los recursos comunes provoca su sobreexplotación y amenaza su existencia– también llevó a la corriente universitaria dominante a considerar lo “común” como el lugar del no derecho por excelencia.
Desde esta óptica, un gran número de economistas y especialistas de las ciencias sociales acabaron fundando sus teorías sobre la imagen de una persona que, invitada a un almuerzo donde hay disponible gran cantidad de comida, se abalanza sobre ella, procurando así maximizar la suma de calorías que puede almacenar a costa de los demás. El Homo economicus glotón consumiría el máximo de alimento en un mínimo del tiempo.
Ostrom mostró hasta qué punto este modelo de comportamiento falla al intentar describir la relación entre el hombre de carne y hueso y el mundo real. No obstante, no sacó ninguna consecuencia política del hecho de que el modelo describa bastante bien las conductas de las dos instituciones más importantes que rigen nuestro mundo. En efecto, tanto la empresa como el Estado neoliberal tienden a actuar, frente a los bienes comunes, exactamente como el glotón invitado al almuerzo: procuran adquirir el máximo de recursos a costa de los demás. Impulsados por el interés de los gerentes y los accionistas en un caso, y de la nación y los dirigentes políticos en el otro, adoptan comportamientos miopes y egoístas, que la mayoría de las veces esconden detrás de una espesa niebla ideológica.
Un cambio de sensibilidad
Una vez dentro de la corriente académica y científica dominante, el discurso sobre el bien común corre el riesgo de convertirse en uno de los registros de moda de la poscrisis, como la “sustentabilidad” o la “economía verde”. Las generaciones que sucedieron a la “revolución científica”, en efecto, encontraron el modo de abrir una caja fuerte donde había guardadas inmensas fortunas que las generaciones anteriores no sabían que tenían, y no sabían cómo explotar (6). La primera modernidad (siglos XVI-XVIII), a través de la alianza entre el derecho, la técnica y la economía, forjó un imaginario que presenta como “ciencia” el hecho de sacar provecho –derrochándolas– de las riquezas contenidas en esa caja fuerte (carbón, petróleo, gas, agua dulce profunda), recursos naturales que no podemos producir y que no se reproducen naturalmente, salvo a lo largo de millones de años. Sobre este imaginario se funda esta ciencia de la explotación rápida y eficaz del tesoro que, desde hace trescientos años, llamamos economía.
En la mentalidad moderna, explotar bienes comunes –mediante un consumo que inevitablemente desemboca en su privatización a favor de los que consiguen explotarlos y aprovecharlos más eficazmente– se considera natural. El proceso de acumulación llama a la mercantilización, cuyos supuestos son la moneda, la propiedad privada del suelo y el trabajo asalariado, invenciones humanas que desvían hacia fines comerciales ciertos valores cualitativos únicos y no reproducibles, como la tierra, el tiempo de vida y el intercambio cualitativo.
Karl Marx describió el proceso de acumulación primitiva –en particular, la expoliación de las tierras comunes en Inglaterra, en el siglo XVI– como la etapa inicial del desarrollo capitalista, que permitió el avance de un capital suficiente para impulsar la revolución industrial. No obstante, podríamos extender la definición y considerar que la acumulación primitiva mediante la conquista de los bienes también engloba la privatización de lo que ha sido edificado en común gracias al sistema de contribuciones, fruto del trabajo de todos: transportes y servicios públicos, telecomunicaciones, mantenimiento urbano, bienes culturales y paisajísticos, escuelas (y más ampliamente todo lo que tiene que ver con la cultura y el conocimiento), hospitales; en resumen, todas las estructuras que rigen la vida social, hasta la defensa y las cárceles (7).
Un cambio general de sensibilidad, que podría convertir el bien común en la perspectiva central, sentaría las bases para un profundo cambio que se desarrollaría en el plano técnico-jurídico. Se trata, pues, de develar, denunciar y superar la paradoja heredada de la tradición constitucional liberal: la de una propiedad privada más protegida que la propiedad común.
1. Esta protección, que es necesaria, no por ello es menos frágil. En Francia, la constitucionalización de los monopolios de los servicios públicos, en 1946, no impidió formas posteriores de desmantelamiento.
2. Michael Hardt y Antonio Negri, Commonwealth, Harvard University Press, 2009.
3. Ugo Mattei y Laura Nader, Plunder. When the rule of law is illegal, Blackwell, Oxford, 2008.
4. Elionor Ostrom, Governing the Commons, Cambridge University Press, 1990.
5. Garrett Hardin, “The Tragedy of the Commons”, Science, vol. 162, n° 3859, Washington, diciembre de 1968.
6. Carlo M . Cipolla, The Economic History of World Population, Penguin, Londres, 1962.
7. Elisabetta Grande, Il terzo strike, Sellerio, Palermo, 2007. Cf. también las reflexiones de David Harvey sobre la “acumulación por desposesión” en El nuevo imperialismo, Akal, Madrid, 2004.
* Profesor de Derecho Internacional Comparado en el Hastings College of the a Law de la Universidad de California, autor de Beni comuni. Un manifesto, Laterza, Bari-Roma, 2011.
Economía feminista. De vidas vivibles y producción imposible: Amaia Orozco, doctora en Economía por la Universidad Complutense de Madrid, imparte clases sobre género y economía en diversos estudios de posgrado. Ha trabajado como investigadora del Instituto Internacional de Investigación y Capacitación de la ONU para la Promoción de la Mujer ; fue miembro del colectivo Precarias a la Deriva y participa activamente en movimientos sociales. Entre sus publicaciones: Perspectivas Feministas en torno a la Economía: el caso de los cuidados (CES, 2006); Desigualdades a flor de piel : las cadenas globales de cuidados (con Silvia L. Gil)
De la brutalidad económica a la brutalidad represiva: editorial del diario La Jornada, Mèxico
Desde el fin de semana pasado, en Valencia, la Policía Nacional de España ha venido reprimiendo con violencia inusitada a los estudiantes que protestan contra los recortes a los presupuestos educativos emprendidos por el gobierno derechista que encabeza Mariano Rajoy, quien busca de esa manera satisfacer las exigencias de la Unión Europea y de los organismos financieros internacionales antes que cubrir las necesidades sociales y garantizar derechos fundamentales.
Informe sobre la extrema derecha en España. Autor Xavier Casals. – en catalán -.
La nova ultradreta i l’expansió del populisme: Xavier Casals,historiador.
La ultradreta ha trencat amb la cultura de la seva àrea de procedència, el feixisme i conforma un moviment d’oposició a la globalització.
HEMOS PUBLICADO EN LA REVISTAVÍA, 17 (diciembre 2011) que edita el Centre d’Estudis Jordi Pujol, un extenso trabajo en catalán titulado “La nueva extrema derecha y la expansión del populismo”.
En él analizamos la evolución sobre este espectro político en Europa durante las últimas cuatro décadas, su situación en España y formulamos la hipótesis de que este ámbito político pueda ser un mensajero del futuro, anticipando cambios en la agenda política que ha comportado la era de la Globalización y la expansión de expresiones populistas en todo el arco político, tanto en la derecha como en la izquierda.
Puede accederse aquí al PDF del texto Vía-PDF o puede clicar aquí para acceder al texto editado y a todos los del número, de los que recomendamos especialmente los textos relativos a Italia, corrupción política y ciudadanía y partidos políticos.
Antonio Moreno Piquer, jefe de la policía en Valencia, se relaciona con la extrema derecha.
A los estudiantes los llama enemigos, ¿cómo llamará Moreno Piquer a la extrema derecha cuando el sábado 3 de Marzo España 2000 reinicie la presencia callejera?
Antonio Moreno Piquer, jefe de la policía nacional española en Valencia, nunca ha escondido su simpatía y cercanía con José Luis Roberto, líder del grupusclo de extrema derecha España 2000. A Roberto, presidente de la empresa de seguridad La Levantina, se le realaciona con una de las asociaciones de locales de alterne más importantes del Estado Español: ANELA. José Luis Roberto siempre ha defendido y así lo atestiguan sus apariciones públicas, la legalización de la prostitución.
Hemos entrada en el web de España 2000 y en ella aparece una carta abierta de José Luís Roberto a los miembros y simpatizantes de su partido que por si sola significa y denota el calado y la catadura de España 2000.
Textual:
CARTA ABIERTA DEL PRESIDENTE JOSÉ LUIS ROBERTO
Valencia, 15 de febrero de 2012
Apreciados camaradas:
Por la presente os invito a participar en las actividades que el partido se dispone a organizar en los próximos días:
- Comida de las Hermandades Militares que tendrá lugar en el Hogar Social Patriota “María Luis Navarro”, sito en la calle José Orgá nº 16, a la que asistirán miembros de la Hermandad de la Legión, Hermandad de Caballeros Paracaidistas y Hermandad de la División Azul. Tendrá lugar el mimo día 3 de marzo a las 14:30 horas. La comida costará 5,00 euros y constará de arros amb fesols i naps, bebida y postre.
En Sicomtelevision – SICOM – Solidaritat i Comunicació -, nos preguntamos que vigilancia ordenará Antonio Moreno Piquer para conocer y seguir los movimientos y evitar situaciones violentas que puedan cuasar – provocar estos manifestantes “de presencia callejera y buenos resultados” que reclaman ser los miembros de España 2.000
España 2.000 fue la sexta fuerza política más votada en las elecciones autonómicas de la Comunidad Valenciana.
Violencia policial en Valencia contra estudiantes, muchos menores de edad, a los que califica de enemigos
El dirio Público denunciaba el pasado 11 de enero de 2012 la promoción de la extrema derecha europea en un local del Ayuntamiento de Castelló. En la información se detalla la importancia de los ‘invitados ultraderechistas europeos’.
Cuando uno mira más allá de sus obsesiones… se da uno cuenta de que el verdadero blanco —literalmente— de la nueva extrema derecha son las élites europeas”.
Ya que ¿quiénes serían los responsables del marasmo económico en el que están inmersos todos los países occidentales; del desigual reparto de las rentas; de la privatización de los beneficios y de la nacionalización de las pérdidas; de la corrupción —plaga de la mayoría de las democracias europeas— ; del laxismo y de la “decadencia” de las costumbres occidentales; del feminismo corruptor de las costumbres y causante del abandono de nuestros hijos; de la estructura política anquilosada de los Estados; de la crisis de identidad, consecuencia directa de la islamización de Europa; de la desaparición del tejido social e incluso de la crisis ecológica, sino las élites intelectuales occidentales más o menos contaminadas por un viejo ideal de izquierda? Si hoy en día Occidente está en crisis tiene que haber un responsable, un culpable. Para Eildert Mulder, del periódico progresista cristiano holandés Trouw, citado por Laurent Chambon, el “delirio” sanguinario de Utoya no es sino la puesta en funcionamiento de un fantasma colectivo que existe desde hace tiempo en el seno de la extrema derecha europea para la que la responsabilidad de las élites de izquierda en la “decadencia” occidental solamente puede resolverse mediante su eliminación.
Límites a las privatizaciones: Ugo Mattei, Profesor de Derecho Internacional Comparado en el Hastings College of the a Law de la Universidad de California, autor de Beni comuni. Un manifesto, Laterza, Bari-Roma, 2011.
Esta noción dio un salto cualitativo cuando, en 2009, la economista norteamericana Elinor Ostrom recibió el premio Nobel de Economía por sus trabajos sobre los commons y, en particular, por su libro La gobernanza de los bienes comunes (4).
Desarrollo sostenible y la tragedia del procomún. Elinor Olstrom
Elinor Ostrom explica como a lo largo de la historia las personas se han organizado de manera comunal para gestionar y usar juntos recursos naturales de manera sostenible duante periodos de tiempo largos, creando una gran diversidad de instituciones que se corresponden con la complejidad y la diversidad de los ecosistemas de los que forman parte.
Qué es el Procomún: Antonio Lafuente.(@alafuente) es investigador del Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC) en el área de estudios de la ciencia. 2011.
Procomún, ética hacker e inteligencia colectiva. Universidad de Buenos Aires 2009
Laboratorio de Procomún: CSIC 2008
La revolución cultural del procomún: Antonio Fraguas El Pais 28-12-11
En rechazo a la regulación de internet, el colectivo Anonymous se lanza a la acción política directa. Tras el cierre del sitio de descargas Megaupload por parte del FBI, fueron atacados los sitios de la Casa Blanca, del Departamento de Justicia estadounidense y de Universal Music. Una batalla que recién comienza.
os ataques informáticos realizados en nombre de la libertad de expresión y de la justicia social con la etiqueta “Anonymous” se multiplican, con gran eficacia. Últimos objetivos a la fecha: el sitio de ArcelorMittal en Bélgica, a comienzos de enero, para protestar contra el cierre de dos altos hornos; el sitio del instituto privado de inteligencia estadounidense Stratfor, del que fueron robados decenas de miles de datos personales; el Ministerio sirio de Defensa, en agosto de 2011, y antes de eso, en junio, el sitio de la policía española, tras el arresto en ese país de tres supuestos miembros de Anonymous.
¿Quiénes se esconden tras esa máscara? ¿Hackers de elite, adolescentes ignorantes, peligrosos ciberterroristas, simples trolls (provocadores) con humor de colegiales? Ninguna de esas definiciones es falsa, ya que cada una refleja una faceta del fenómeno. Sin embargo, todas pasan al lado de lo esencial: Anonymous no es uno, es múltiple; no se trata ni de un grupo ni de una red, sino de un colectivo o, con mayor precisión, de colectivos que se apoyan unos a otros.
Un horizonte común
A su manera –extrema– Anonymous es emblemático de los movimientos de protesta que desde 2011 se extienden tanto en el mundo árabe como en Europa y en Estados Unidos. El abismo que separa a éstos de los sistemas políticos que cuestionan se manifiesta en las formas de organización, radicalmente opuestas. Por un lado, estructuras jerarquizadas, con dirigentes habilitados para hablar en nombre de todos mediante procedimientos de delegación de poder, pero cuya legitimidad se ve debilitada por la corrupción, el favoritismo, el desvío de las instituciones. Por el otro, colectivos deliberadamente desprovistos de dirigentes, que rechazan el principio de la representación en beneficio de la participación directa de cada uno en proyectos concretos. Su diversidad permite que la toma de decisiones se realice por rápida agregación de participantes a un determinado tema, más que por la constitución de una mayoría oficial. El establishment político juzga que esas formas de organización son ininteligibles, y expresa su estupor frente a la ausencia de reivindicaciones concretas que podría transmitir.
Dichos colectivos temporarios –que pueden ser descritos también como “enjambres”, en inglés swarm (1)– se componen de individuos independientes que utilizan herramientas y reglas simples para organizarse horizontalmente. Como subraya el fundador del Partido Pirata sueco, Rick Falkvinge, “como todo el mundo es voluntario […], la única manera de dirigir consiste en conseguir la adhesión de otros” (2). Así, la fuerza del colectivo proviene de la cantidad de personas que reagrupa y de la luz que arroja sobre sus proyectos, distintos e independientes.
Un colectivo nace siempre de la misma manera: un llamado a la movilización con, en frente, recursos para una acción inmediata. Especialista de los medios de comunicación sociales, Clay Shirky identificó tres elementos indispensables para que surja ese tipo de cooperación flexible: una promesa, una herramienta, un acuerdo (3). La promesa reside en el llamado, que debe interesar a un número crítico de activistas y cuya propuesta debe parecer realizable. Por ejemplo, puede tratarse de atacar tal o cual sitio gubernamental en respuesta a la censura. En internet existen herramientas disponibles, como el famoso software Low Orbit Ion Cannon (LOIC), así llamado en referencia a La Guerra de las Galaxias, que permiten coordinar las acciones dispersas de los voluntarios. El acuerdo se refiere a las condiciones que cada uno acepta al entrar en el espacio colectivo de la acción.
Con el correr del tiempo, las tres dimensiones pueden evolucionar y el colectivo crecer, cambiar de orientación, disolverse. Para que no desaparezca tan rápido como apareció, se necesita un cuarto elemento, un horizonte común que “permita a los miembros dispersos de una red reconocerse entre sí como pertenecientes al mismo universo imaginario referencial”, como escribe el crítico de arte y ensayista Brian Holmes (4). Es en este punto donde interviene la famosa máscara de Anonymous. Identidad abierta, resumida en algunos lemas bastante generales, elementos gráficos y referencias culturales compartidas: cada cual puede asumirla; pero sólo cobra sentido si se comparten el mismo espíritu, el mismo humor, las mismas convicciones antiautoritarias y la misma fe en la libertad de expresión.
Identidad política
Por más que en mayo de 2011, en el e-G8 de París, el presidente francés Nicolas Sarkozy hiciera votos por un “internet civilizado”, los oscuros recovecos donde todo es posible continúan existiendo. El sitio 4chan.org, foro creado en 2003, simple desde el punto de vista técnico y plebiscitado por los internautas, es emblemático del modo de actuar: allí es posible postear textos e imágenes sin inscribirse, firmando los mensajes como “Anonymous”. Su foro más frecuentado, /b/, no obedece a ninguna regla en materia de contenido. El sitio no memoriza los posts: los mensajes que no obtienen respuesta son retrogradados al final de la lista antes de ser borrados, lo que sucede generalmente en el espacio de algunos minutos. Nada se archiva. La única memoria válida es la de los internautas. Una lógica con ventajas e inconvenientes: todo aquello que es difícil de retener y no es repetido, desaparece.
Para no caer en el olvido, cada día muchos de esos mensajes toman la forma de llamados a la acción; por ejemplo, una invitación a cometer un acto de vandalismo contra una determinada página de la enciclopedia en línea Wikipedia. Si la idea seduce a un número suficiente de internautas, un pequeño enjambre se abate sobre el blanco. Por simple placer. La repetición y el compromiso crearon una cultura donde desaparecen las individualidades y los orígenes, una tradición de “tomadura de pelo ultracoordinada”, según la expresión de un hacker interrogado por Biella Coleman, antropóloga de la cultura geek (5). En cinco años, esos anónimos se convirtieron en “Anonymous”, término genérico o avatar de una identidad colectiva. Su costumbre de la desmesura inducida por el anonimato va acompañada de una profunda desconfianza hacia cualquier forma de autoridad que intente regular la palabra en internet, por motivos juzgados perfectamente hipócritas como la lucha contra la pornografía infantil.
Por lo tanto, no es casual que durante el invierno boreal de 2008, algunos internautas adoptaran esta identidad para atacar a la Iglesia de la Cienciología. Hacía unos diez años que los hackers le habían declarado la guerra; éstos revelaban fraudes y manipulaciones, mientras que la Iglesia de la Cienciología movilizaba considerables recursos para hacer desaparecer las informaciones molestas y destruir la reputación de las personas que la criticaban. Los Anonymous intervinieron cuando la secta intentó impedir la circulación de un video de propaganda en el que el actor Tom Cruise, alto responsable de la Iglesia, parecía mentalmente desequilibrado. Como respuesta a la inevitable ráfaga de procesos, un video falsamente serio de Anonymous anunció la próxima destrucción de la secta.
En distintos foros de discusión se sucedió un período de virulentas polémicas, al cabo del cual se elaboró una específica combinación de promesa-herramientas-acuerdo. Más allá de las acciones en línea, se organizó una jornada mundial de acción. El 18 de febrero de 2008 se realizaron manifestaciones en noventa ciudades de América del Norte, Europa, Australia y Nueva Zelanda. Para escapar a las represalias de la secta, muchos manifestantes usaban la ya célebre máscara de Guy Fawkes, rebelde católico inglés del siglo XVI, imitando así al héroe de V de Vendetta, la novela gráfica de Alan Moore cuya historia transcurre en un mundo totalitario. Por primera vez, miembros de Anonymous se encontraron físicamente, fuera de la red, estableciendo una conexión con militantes más tradicionales.
Durante los siguientes años, esas manifestaciones continuaron siendo el principal objetivo político de Anonymous. Luego, en septiembre de 2010, se formó un colectivo en torno a la campaña Operación Payback (Operación Venganza). Ésta debutó con un ataque contra Aiplex Software, sociedad india contratada para atacar el sitio de intercambio de archivos The Pirate Bay. Rápidamente la campaña se extendió a los sitios de la Motion Picture Association of America (MPAA) y a organismos que predicaban, so pretexto de luchar contra los intercambios de archivos, el control de internet. Grito de guerra: “Ellos lo llaman piratería, nosotros lo llamamos libertad”.
En el transcurso de esas acciones, se fue precisando la identidad política de Anonymous; sus recursos técnicos y sus estrategias se sofisticaron. En diciembre de 2010, cuando se impidió que WikiLeaks recibiera donaciones tras haber publicado cables diplomáticos (6), Operation Payback resurgió y atacó los sitios de MasterCard, Visa, PayPal y Bank of America. En enero de 2011, los Anonymous intervinieron en Túnez de manera muy organizada para atacar sitios gubernamentales. Los blogueros tunecinos tuvieron el sentimiento de poder contar con la solidaridad internacional.
Abrir grietas
A lo largo del año 2011, los colectivos Anonymous se multiplicaron y lanzaron innumerables llamados. A veces se trataba de internautas deseosos de atraer la atención o de sacar provecho de modas mediáticas. Pero ello no impidió que otros colectivos federaran a muchas personas. El 23 de agosto de 2011, los Anonymous difundieron un video llamando a ocupar Wall Street, retomando así una idea que hacía unas semanas defendían los canadienses de Adbusters.
La desmesura y la audacia de los Anonymous les permiten adoptar lemas tan fuertes –“La piratería es la libertad”–, que ningún actor político tradicional se atrevería a utilizarlos so pena de perder credibilidad, y producen a su vez un radical efecto galvanizador sobre energías latentes aburridas por las movilizaciones clásicas. Sin embargo, cualquiera fuera su fuerza, la espontaneidad a gran escala sólo puede medirse con las instituciones a partir del modo de destrucción. El objetivo de esta organización no es construir instituciones alternativas. Colabora con la formación de un horizonte común de protesta que tal vez facilite la acción futura. Ya agrietó muros que parecían indestructibles. Otros contestatarios transformarán esas fisuras en aberturas.
1. Francis Pisani, “Nueva guerra contra nuevo enemigo”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, junio de 2002. 2. Rick Falkvinge, “Swarmwise: What is Swarm?”, 8-1-01 (http://falkvinge.net). 3. Clay Shirky, Here Comes Everybody: the Power of Organizing Without Organizations, Penguin Press, Nueva York, 2008. 4. Brian Holmes, “Swarmachine”, 21-7-07 (http://brianholmes.wordpress.com). 5. Gabriella Coleman, “La science dissèque Anonymous”, 12-12-11 (http://owni.fr). Un geek es un apasionado de la informática. 6. Philippe Rivière, “WikiLeaks, matar al mensajero”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2011.
Quan Josep Borrell bregava per ser president del govern espanyol com a candidat del PSOE, va reunir a periodistes en un col·loqui on va parlar de les conseqüències que per al benestar dels espanyols, tindrien les privatitzacions del PP. Li vàrem preguntar si en el cas de ser elegit president tiraria enrere les privatitzacions: “no, no podrem fer res, va dir, les privatitzacions són de fet, irreversibles”.
El PSOE ha aprimat el benestar ciutadà, CiU ho està fent i la pressuposada victòria del PP augura més retallades socials. Cap ho té al programa electoral, cap ha respectat el contracte assolit amb la ciutadania a través del vot a una proposta política. I tant els hi fa què passa al carrer quan tenen assegurada l’aritmètica parlamentària.
Una part de la societat està mobilitzant-se i un munt de joves i no tant, s’apunta al 15 M. El moviment fa bé en declarar-se apartidari que no vol dir apolític. Analistes que els donen suport opinen que pel moviment no és imprescindible votar per uns o uns altres, que es poden elaborar i imposar reformes polítiques que assegurin la participació ciutadana en decisions concretes. Em temo que estan cometen un greu error estratègic. Si els partidaris de l’estat del benestar es queden a casa, els que malvenen les propietats públiques ho tindran fàcil. Si tenia raó Borrell, i els governs Zapatero, Blair, Schroeder, Obama, així ho indiquen, recuperar les propietats públiques usurpades podria ser impossible.
Els mercats, els propietaris dels diners, saben que el temps juga a favor seu, però alhora són conscients que tan sols els serà avantatjós durant una temporada. Per tant, actuaran sense contemplacions, associats amb els polítics que s’han encarregat de triar, finançar i fer elegir. Privatitzaran els drets socials. Convertiran els pilars de la redistribució, el treball, la fiscalitat, l’educació i la salut, en un negoci controlat. I si mai guanya la indignació, directament o indirecta, convençuda d’haver-se preparat per a revertir la Política, es trobarà amb un país erm, on tot s’haurà fos, res quedarà dempeus, no hi haurà diners i el benestar s’haurà de construir de nou. Aleshores la victòria esdevindria pírrica.
La guerra es desenvoluparà en dos taulers d’escac simultanis: l’oficial i l’alternatiu. A l’alternatiu, carrers, barris, mobilitzacions, assemblees, xarxes socials, el 15M és de llarg la força majoritària.
En el tauler oficial l’avantatge dels poders clàssics, legislatiu, executiu i judicial, és aclaparadora i dominen – controlen – l’opinió pública. El legislatiu però, entra en incertesa i els seus membres han de ser renovats.
El 15 M té una oportunitat única d’augmentar la seva capacitat d’influència. De la mateixa manera que el poder oficial tractarà d’envair el carrer, l’alternatiu ha de fer-se visible en el “sancta santorum” del poder oficial: les Corts Generals. Aconseguir-ho els suposaria poder denunciar, des de camp contrari, els incompliments electorals, oposar-se a les privatitzacions i assenyalar els seus responsables
I què es pot fer individualment i col·lectiva?
Unes quantes coses. Ens atrevim a recomanar quatre accions.
Primera: Saber a qui no s’ha de votar. Cal veure sense passió, què fa cada força política quan arriba al poder i saber si respecta el contracte electoral amb la ciutadania – nosaltres -. Segona: S’ha d’exigir l’oposició que demani eleccions anticipades a tot arreu on no s’acompleixin les promeses electorals encara que no els sigui beneficiós electoralment. Tercera: confiar en alguna força parlamentària a la que no es consideri responsable dels mals que afecten el país.
La Quarta requereix d’una acció coordinada i compartida que hauria d’impulsar el 15M: portar a les Corts a través del vot organitzat a una força que ara com ara no tingui possibilitats de sortir elegida i que no pugui resultar perillosa pel conjunt dels indignats. Quin tracte s’hauria de fer? Defensar el programa de mínims del 15M, oposar-se a les privatitzacions i assenyalar els malversadors del patrimoni públic. Què se’n trauria? visualitzar a les Corts la força del moviment. Es pot tenir èxit? El 15 M té prou força moral per a demanar el vot als seus seguidors.
I en quina formació es podria dipositar la confiança? La paraula la té el 15 M. Els toca assumir la responsabilitat. Un sol consell: la formació triada no hauria d’estar situada a cap extrem de l’eix ideològic, la qual cosa li permetria aixoplugar un ventall de ciutadania similar al que aplega el moviment assembleari.
I és veritat, votar pot resultar molt perillós per a la indignació. Però encara més perillós pot ser no fer-ho. En joc estan les propietats que encara li queden a la ciutadania.
En un artículo sobre la insensatez de unas políticas de austeridad que en lugar de remediar la crisis lo que hacen es perpetuarla, Paul Krugman señalaba que la parte fundamental de los recortes en gasto público recae sobre la educación, aunque “dejar sin trabajo a cientos de miles de maestros no parece el mejor modo de conquistar el futuro”. Continuar llegint: Enseñanza pública y democracia