Anonymus y Revueltas| Democracia y Dignidad: Tsunami 20 2012-2-3



Continuar llegint: Anonymus y Revueltas| Democracia y Dignidad: Tsunami 20 2012-2-3 Lecturas de la crisis y la lucha de clases

Encandilados en Chile y otros artículo

Encandilados en Chile

La crisis de la educación que enfrenta al Gobierno de Sebastián Piñera y a los estudiantes parece haber llegado a un punto muerto

RAFAEL GUMUCIO

El País 12/10/2011


Continuar llegint: Encandilados en Chile y otros artículos

Haití, país ocupado: Eduardo Galeano | y El Vaticano, la pobreza y Haití: Vicenç Navarro

Haití, país ocupado

Eduardo Galeano

Escritor y periodista uruguayo, autor de ‘Las venas abiertas de América LatinaPúblico 02 oct 2011

Público 2-10-11

Consulte usted cualquier enciclopedia. Pregunte cuál fue el primer país libre en América. Recibirá siempre la misma respuesta: Estados Unidos. Pero Estados Unidos declaró su independencia cuando era una nación con 650.000 esclavos, que siguieron siendo esclavos durante un siglo, y en su primera Constitución estableció que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona.


Continuar llegint: Haití, país ocupado: Eduardo Galeano | y El Vaticano, la pobreza y Haití: Vicenç Navarro

La militancia antilaica de la Iglesia

La militancia antilaica de la Iglesia
Público 18 ago 2011

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra

El máximo dirigente de la Iglesia católica, Benedicto XVI, ha denunciado en repetidas ocasiones lo que él ha definido como “el laicismo militante” que supuestamente existe en España, semejante –según él– al ocurrido durante los años treinta en este país. De estas y otras declaraciones se deduce que percibe esta militancia laica como una amenaza para la Iglesia (traducida en un anticlericalismo) y también para la sociedad, pues representa una intolerancia hacia la religión católica impropia en una sociedad democrática, donde todas las religiones deberían respetarse, con especial consideración a la católica –tal y como reconoce la Constitución de 1978–, que es a la que supuestamente pertenece la mayoría de la población española.
Esta crítica al laicismo es sorprendente pues muestra un escaso conocimiento de la historia de España. Una lectura objetiva de nuestro pasado muestra que ha sido la Iglesia católica la que históricamente ha mostrado una enorme hostilidad hacia el laicismo, habiendo además violado los derechos democráticos, no sólo de la población laica, sino de la mayoría de la población española a lo largo de nuestra historia. La mayor expresión de tal hostilidad se dio durante los años treinta a los que Benedicto XVI hace referencia, a los cuales podría añadirse la experiencia antilaica de la Iglesia durante los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta, que el papa silencia e ignora.
Es importante recalcar que la Iglesia católica apoyó un golpe militar que terminó con un proceso democrático (y que asesinó al mayor número de españoles en su historia), lo cual fue objeto de la ira de las clases populares que, viendo a la Iglesia como parte militante del golpe, agredió al clero y a las instituciones de la Iglesia sin que tales actos contaran con el apoyo del Gobierno republicano democráticamente elegido. La brutal represión que el golpe instauró, sí que contó, sin
embargo, con el apoyo del Estado dictatorial del cual la Iglesia formó parte. Su objetivo fue imponer su ideología. Basta leer el Catecismo patriótico español publicado en 1939 y en 1951, en el que se afirmaba que los enemigos de España eran “el socialismo, el comunismo, el sindicalismo, el liberalismo y el laicismo”. Benedicto XVI debería conocer y reconocer que tal creencia significó la eliminación de las personas pertenecientes a aquellas sensibilidades, lo que provocó no sólo su expulsión, encarcelamiento, tortura y exilio, sino también su fusilamiento, todo ello a fin de “no tolerar a los envenenadores del alma popular” (Decreto de depuración de los funcionarios del Estado de 1939). En la mayoría de los tribunales en los que se decidía la eliminación de laicos, socialistas, comunistas, judíos y masones, estaba la Iglesia como parte y testigo. En realidad, en muchos de estos tribunales el informe de denuncia era escrito por los párrocos. Tal hostilidad de la Iglesia fue incluso más acentuada hacia los educadores de la enseñanza laica. Hubo casos como el de un sacerdote aragonés que llegó a informar de que el maestro de su pueblo era “fusilable” (citado en el libro La Dictadura de Franco, de Borja de Riquer, del cual extraigo los datos de la represión durante la dictadura). La depuración de los maestros de la escuela pública laica fue masiva, acusándoles de querer inculcar valores laicos que contaminaban el alma popular. El objetivo de tal represión fue la “recristianización de la sociedad”, tal como indicó el ultraderechista Ibáñez Martín, ministro de Educación durante el periodo 1939-1951.
Esta represión alcanzó a todos los estamentos de la enseñanza pública, incluyendo las universidades, y todos los niveles dentro de ellas. De los 580 catedráticos universitarios existentes en España, 20 fueron ejecutados, 150 fueron expulsados y 195 se exiliaron. En algunas universidades, como en la Universidad de Barcelona, el 44% de su profesorado fue sancionando. La Iglesia supervisó y/o participó en cada una de estas denuncias. Como afirmó una autoridad educativa citada por De Riquer, era preferible que “una universidad estuviera integrada por ignorantes pero buenos, que por doctos pero malos”. Ser malo era tener, entre otros valores, el del laicismo.
Otra área en la que se plasmó la militancia antilaica de la Iglesia fue en el periodismo. La autorización para poder ser periodista pasó a ser muy restrictiva, según criterios definidos por la Iglesia, la Falange (el partido fascista) y el Ejército. De los 4.000 periodistas que solicitaron realizar su profesión entre 1939-1940, sólo lo obtuvieron unos 1.800. A todos los demás se les denegó el permiso de trabajar como periodistas al no ajustarse al criterio del tribunal político-religioso que evaluaba su “competencia”.
Benedicto XVI debería conocer y reconocer estos hechos ampliamente documentados en España, aún cuando han sido ocultados en la mayoría de medios de mayor difusión, y muy en particular en los influenciados por las derechas españolas. Estas, como la Iglesia, nunca han condenado sin paliativos aquella dictadura y los horrores que se hicieron en teoría en nombre de Dios, en la práctica, en la defensa descarnada de sus intereses materiales. Su enorme oposición a las fuerzas democráticas se debe a que estas desean una pérdida de los excesivos derechos que el régimen democrático –resultado de una Transición inmodélica– le otorgó, incluyendo su reconocimiento preferencial que le concede la Constitución, que contradice la aconfesionalidad del Estado, y que ha dado pie a toda una serie de privilegios heredados del régimen dictatorial anterior y que deben eliminarse. La visita de Benedicto XVI no es un paso adelante en esta vía correctiva, pues ni conoce ni reconoce el enorme sufrimiento que la Iglesia impuso a la población española, ni pedirá perdón al pueblo español por ello, ni cederá ni un ápice en el goce de sus privilegios. Así es la Iglesia católica.

Agredido por un cura y peregrinos en Sol

Agredido por un cura y peregrinos en Sol

Público 18 ago 2011
Shangay Lily

La manipulación de la Marcha Laica de ayer ha sido escandalosa. En la mayoría de los medios de comunicación, afines a la derecha y la Iglesia, se ha silenciado la actitud hostil, agresiva y provocadora de los peregrinos y sacerdotes que les “cuidaban” (arrastrar a niñas de 15 años a sitios conflictivos y violentos no es muy responsable) al bloquear la puerta del Sol cuando sabían que allí acababa la única marcha que se nos ha consentido a los laicos (ateo en mi caso) para decir de una vez que existimos y estamos hartos.

Nosotros simplemente estábamos protestando por el favoritismo, prebendas y regalos (exenciones fiscales, transportes, mochilas, espacios públicos, colegios, servicios…) que a la Iglesia Católica se le sigue dando en un estado aconfesional. Pero, sobre todo, estábamos dejando constancia de que ese idílico catolicismo del que toda España goza, no es verdad. Somos muchos los ateos, laicos y de otros credos que ya estamos hartos de tener que callar y escondernos. Nosotros pagamos nuestros impuestos, trabajamos y contribuimos a la sociedad, así que tenemos el mismo derecho que los católicos que vienen recibiendo privilegios que vulneran la Constitución, como las capillas en las universidades o el monopolio de escuelas o la imposición de imaginería y propaganda en centros públicos que nos ofenden.

Ayer era nuestro único día para utilizar los mecanismos democráticos, la libertad de expresión, para expresar nuestro sentir ante un Papa que viene a España como si visitase su cortijo y, de paso, a insultar a los laicos o las leyes aprobadas por un Gobierno que se doblega ante sus insultos.

La marcha avanzaba con absoluta alegría y jovialidad hasta que nos encontramos a un grupo de “peregrinos” provocadoramente ubicados en el paso de la Marcha rezando teatralmente en medio de la vía pública.

Muchas fueron las preguntas que surgieron:

¿No tenéis bastante con todas las iglesias, capillas en universidades y hospitales y todo un entramado de edificios mantenidos con nuestros impuestos para ir a rezar en plan “mártir” en plena calle al paso de una Marcha que declara que les ofende vuestra impuesta religiosidad?

¿No tenemos bastante con soportar misas todos los domingos en la televisión pública, declaraciones homófobas, misóginas y pedófilas de vuestros representantes en eventos públicos para que tengáis que invadir nuestro espacio pacífico pactado democráticamente con la Delegación de Gobierno?

¿Si los laicos somos tan malos, el anticristo, extremistas violentos, qué hacían los curas “responsables” de los niños católicos poniéndolos en el paso de la marcha para provocar? Esa es la Iglesia Católica, así opera: lanza a los infelices, indefensos, manipulados niños, a provocar para luego ir de víctimas y correr a rentabilizar su “martirio” si surgiese. La Iglesia Católica ha hecho una carrera del falso victimismo. Escondiendo que han sido ellos los que durante siglos han asesinado a mujeres y hombres, cometido genocidios, exterminado a pueblos y culturas aborígenes que se les resistían, perseguido, encarcelado, denunciado y quemado vivos a homosexuales, mujeres y genios (desde Hipatia hasta Galileo), para después proclamar que eran víctimas del odio que habían sembrado.

Aquellos peregrinos no estaban rezando pacíficamente como se ha dicho en medios, estaban provocando a ciudadanos que están hartos de la imposición de su teatro hipócrita, de su soberbia, de su monopolio. Sabían lo que hacían, intentaban irritar, provocar, zaherir. Si yo te digo que tus rezos me parecen ridículos y ofenden mi inteligencia empírica pero que en tu casa puedes hacer lo que quieras, si te pones a rezar en mi casa acto seguido es que desprecias mi sensibilidad, mi libertad y a mí. Y ayer, pactado con Delegación de Gobierno, ese recorrido era nuestra casa.

A mí, que he vivido muchos años en Nueva York, personalmente me recordaron a esos fanáticos religiosos, que los homosexuales tanto conocemos, que se ponen a la puerta de entierros de víctimas de crímenes homofóbicos con carteles de “Cristo odia a los maricones” o “El sida es el castigo de Dios a los maricones”. Los homosexuales tenemos demasiadas cuentas pendientes con la Iglesia Católica para que sus hipócritas rezos no nos suenen a pura homofobia inquisidora. Fue en ese momento en el que se me hizo la famosa foto que los medios de derechas han utilizado para hacer creer que agredía a los indefensos católicos. Lo único que les dije fue que “Nosotros no necesitamos creer en ningún Dios que no exista para ser buenas personas… nosotros creemos en el ser humano”, ya ves la agresión.

A pesar del esperpéntico espectáculo, proseguimos con la marcha ignorando las provocaciones y de repente nos quedamos atrancados en la calle Carretas. Con un calor infernal, estuvimos taponados allí más de una hora y media. No entendíamos por qué la marcha no avanzaba hasta Sol. Hasta que empezamos a ver que en Sol había banderas de distintos países ondeando. ¡Los peregrinos habían tomado Sol para impedir que nuestra marcha autorizada llegase pacíficamente a su fin! Este punto ha sido silenciado por la mayoría de los medios que dan a entender que nosotros no teníamos permiso para ir a Sol y que allí sorprendimos a los pobres peregrinos que estaban congregados pacíficamente. Era exactamente al revés.

Los peregrinos ni habían convocado, ni estaban autorizados a congregarse en Sol. Se había acordado que nuestra marcha acabaría en ese emblemático punto para los “Indignados”. Cualquier Ayuntamiento, Comunidad o Delegación de Gobierno habría previsto los innecesarios conflictos y enfrentamientos que ignorar nuestros derechos podría acarrear. Pero, ignorando lo peligroso de la situación y los permisos, los peregrinos se fueron llamando unos a otros hasta que llenaron Sol con el fin de volver a reprimir nuestra libertad de expresión, de invisibilizarnos, para buscar un enfrentamiento violento.

Tras más de una hora y media de pie en la calle carretas a 40 grados, es lógico que cuando finalmente pudimos acceder a Sol no estuviésemos del mejor humor (máxime cuando entre los manifestantes había personas mayores, niños, bebes y familias completas). Pero nuestra determinación de finalizar la Marcha en Sol cordialmente se vio resquebrajada cuando allí nos encontramos con grupos de “peregrinos” que nos gritaban, nos dejaban sordos con bocinas para el fútbol (hasta que una señora se la quitó al cretino que me la ponía en el oído cada vez que intentaba hablar), arrojando botellas de agua, escupiendo y poniéndonos el crucifijo en la cara cual toma falsa de “El exorcista en Sol”… A mí se me acercaron varios despistados con su mochila (que nosotros hemos pagado) suecos o irlandeses que me preguntaban por qué no creía en Cristo o por qué estábamos enfadaos con el Papa. Cuando intentabas contestarles se iban santiguándose.

Todos nos sentíamos estafados. Esa es la palabra: estafados por la Delegación de Gobierno que hace unas semanas no titubeó a la hora de cerrar Sol a los madrileños como si esto fuese una dictadura golpista o un estado de excepción o un regreso a la dictadura, pero ahora no había considerado oportuno aconsejar a los peregrinos evitar el recorrido y Sol durante las 2 o 3 horas que duraría la Marcha para evitar enfrentamiento y luego proseguir con su asalto de nuestra ciudad.

Ya habíamos tenido varios enfrentamientos desagradables con grupos que, a sabiendas de lo que hacían, se nos encaraban con la cruz al frente y rezando como si fuésemos el anticristo (mirad en el Papamóvil a ver si allí le veis) y ponían a pobres niñas de no más de 11 años a pasar ese mal trago innecesario (especialmente una niña que lloraba descompuesta y asustada, aferrada a su crucifijo… hay que ser muy mala persona para obligar a una niña a pasar ese trago, pero allí estaban los curas obligándoles a aguantar a pesar de sus lágrimas), cuando me llamó la atención un grupo que a pesar de nuestras protestas de que se marchasen, que ese era nuestro momento, que habíamos respetado su invasión de la ciudad, sus misas grandilocuentes cortando la ciudad, su abarrotamiento de transportes públicos que trabajadoras y trabajadores necesitan, se mantenía de rodillas junto a la fuente (claro símbolo del 15M).

En este momento la mayoría de peregrinos, aconsejados (mal y tarde) por la policía, se habían replegado hacia la calle Preciados, pero este cura parecía determinado a poner en el mayor riesgo posible a sus niños. Muchos empezamos a espetarles que eran unos provocadores, que se fueran, que sus rezos no eran apreciados ahí…. Yo, en concreto repetía como una salmodia que esto ya no era el siglo XVIII sino el siglo XXI. “Esto es una democracia, volveos a vuestra dictadura”, les respondía con mi bandera gay en alto, proclamando que a pesar de ellos ser homosexual ya no es un delito ni una “enfermedad” en España. Que nos ha costado mucho pero, a pesar de ellos, ya no nos pueden vejar, escupir, dar electroshocks u obligar (como a día de hoy pretenden) a llevar una vida de castidad porque el homosexual es un pervertido pecador (palabras del catecismo oficial).

Hasta que el cura vio mi bandera gay delante y, como poseído por el espíritu de Torquemada, la agarró con toda su furia y empezó a tirar hasta que me la arrancó. Mientras esto sucedía un gorila que ya me había empujado varias veces, me empezó a tirar, otros se le unieron e ignoraron mis gritos de que me devolviesen la bandera. El cura se me encaró y empezó a gritarme mientras pisoteaba la bandera gay y me empujaba. Yo me arrodillé a recogerla, no me daba la gana de que ultrajasen así el símbolo de tantas hermanas y hermanos. Entonces me llovieron las patadas y golpes, hasta que me tiraron al suelo y empezaron a pisotearme.

Conseguí levantarme con mi bandera en la mano, pero el grupo de fariseos, se alejaba por la calle Preciados escoltados por la policía. Yo no salía de mi estupor. No puede ver quién me había estado dando patadas y golpes pero mi espalda dolorida daba testimonio de ello.

Y esos son los “pacíficos” peregrinos que rezaban en Sol. Provocadores.

Impulsat per

Amb el suport de

Arxiu de videos