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La histeria va con en el precio
Rafael Poch |
La Vanguardia 20/06/2011

Recapitulando. En septiembre se cumplirán tres años de la quiebra financiera de 2008. El motivo de la crisis fue el hundimiento del gran festival especulativo que eliminó las fronteras entre la actividad financiera y la simple y pura delincuencia. El dinero público se utilizó para cubrir las pérdidas y proteger las fortunas de los agentes del gran casino, en lo que fue la mayor transferencia de capital de la historia desde la gente común hacia los ricos. Ninguno de los problemas que entonces se pusieron de manifiesto se han solucionado, pero se han creado otros encadenados. Por ejemplo: el brusco aumento de deuda pública que el rescate bancario provocó, empeoró, a su vez, la solvencia general, incluida la de los propios bancos, pues el valor de la deuda pública se desplomó y en gran parte está en manos de bancos e inversores en forma de bonos del tesoro. Ahí está la génesis de la actual “euro-crisis”.

La alternativa a la contestación. Las peculiaridades de la Unión Europea –una unión monetaria sin fiscalidad ni gobernanza común, con grandes desequilibrios entre sus miembros- pusieron en el centro esa “crisis de endeudamiento”, que, torpemente gobernada por Alemania, lastra ahora el viejo continente y despierta sus ancestrales taras culturales de tan mortífero recuerdo. La solución anticrisis propuesta es una contrarevolución social: desmontar derechos sociales y garantías económicas, lo que arrasa el consenso social, fomenta ideologías antidemocráticas, racistas o xenófobas, que ofrecen fáciles chivos expiatorios -como ocurrió en el pasado con el antisemitismo- y favorecen la guerra, tal como pasó en la última gran crisis del capitalismo en 1929. Europa ya estaba metida de pleno en una guerra antes de Lehman Brothers, Afganistán, algunas de sus naciones apoyaban otra, Irak, y en plena crisis se ha metido en una tercera, Libia, un mal signo. Cada semana la OTAN y las potencias europeas son responsables de lo equivalente a atentados terroristas con decenas de víctimas civiles inocentes en Libia y Afganistán, aunque se llamen “errores” y “daños colaterales”. La guerra como telón de fondo de la eurocrisis es un dato crucial de la actual situación. Avisa de cual es la alternativa a la contestación ciudadana.

El nexo de todo el asunto. El programa de regreso al siglo XIX andaba más o menos como la seda, hasta que apareció la ciudadanía. Primero en Grecia, luego en Wisconsin (Estados Unidos, un movimiento informativamente ignorado, tanto en Alemania como en España), en el norte de África, y ahora en Europa, pues el referéndum italiano, la jornada sindical contra el pacto del euro y la próxima huelga británica forman parte de un mismo paquete. Hasta de China llegan noticias de la preocupación oficial y de las medidas preventivas ante un eventual contagio. Pero, ¿de qué se trata?, ¿cual es el nexo de unión entre todas estas contestaciones? Se trata de la revuelta contra las oligarquías.

El diccionario define las oligarquías con tres brochazos; “Gobierno de pocos”, “Forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social”, y “Conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio”. Sea como fuera, podemos acordar que el mundo actual está gobernado por oligarquías.

En Europa, Estados Unidos y Japón, la tríada central del sistema mundial, las oligarquías financieras dominan la economía e incluso la política. En la mayoría de los países árabes se trata de oligarquías, petroleras o no, que son subsidiarias de las anteriores. En Rusia hay una nueva oligarquía privada que se inspira en las occidentales y que mantiene cierta tensión con el Estado ruso, heredero de la Estadocracia soviética, que fue la modalidad de oligarquía en la que degeneró el llamado socialismo real. Ese Estado compite y a la vez se imbrica con la nueva oligarquía rusa. En China la relación es inversa: allí es la Estadocracia la que domina sobre las oligarquías privadas, que, aunque poderosas, están sometidas e integradas en la constelación estatal.

Globalización ciudadana. La diferencia última no es entre “democracia” y “no democracia”, como insiste el discurso oficial, sino entre el gobierno de diversos tipos de oligarquía. No es la divisoria, sino la similitud lo que retrata mejor la situación. Algunas oligarquías, en sociedades más opulentas, dan lugar a sistemas mucho más holgados y permisivos desde el punto de vista de los derechos y las libertades. Otras sólo dan para “democracias de baja intensidad”, o pseudodemocracias, como la rusa, en la que el partido del poder ni siquiera practica la rotación con una oposción, sino que nombra a un sucesor de su propio partido que luego es refrendado en las urnas. Otras se permiten elecciones bastante libres a nivel local, como en China, pero no en el nivel general, y otras, en fin, no permiten ningún tipo de elección…. Es decir, hay distintos tipos de oligarquías, pero todas ellas tienen poco que ver con el “poder del pueblo”, la democracia. En condiciones normales, el voto no decide gran cosa porque no cambia nada esencial.

Lo que está ocurriendo ahora en el mundo, en todas esas zonas señaladas, es un despertar ciudadano contra la administración de la globalización que llevan a cabo todas esas oligarquías. Un impulso en favor de una globalización en clave ciudadana, no empresarial. Cuando la población toma la palabra y se convierte en sociedad, las cosas no pueden seguir igual. Así se escribe la historia.

Sobre camellos y barretinas. Hacía muchos años que algo así no ocurría y el establishment ya se había olvidado de ese factor. De ahí el desconcierto y el nerviosismo con que la clase política acoge el fenómeno por todas partes. El apaleamiento de ciudadanos en la Plaza de Catalunya fue la versión local de la entrada de los camellos de Mubarak en la Plaza Tahrir el 2 de febrero. Fruto de la misma miopía, luego profundizada por prensa e instituciones entre histerias guerracivilistas, con listas de “culpables” y “responsables intelectuales” casi en la periferia del terrorismo (“kale borroka”), que conducen a la típica pregunta rusa sobre este tipo de situaciones: “¿se trata de una provocación, o de una estupidez?”. La respuesta es que parece una mezcla de ambas cosas…. Pero aquí no hay ninguna novedad. Estamos ante un clásico.

Cuando en Alemania arrancaba en los setenta el movimiento antinuclear, el establishment hacía afirmaciones y acusaciones disparatadas del mismo tenor. El Presidente de Baden-Württemberg, Hans Filbinger, decía que sin la contestada central nuclear de Wyhl, “las luces de nuestra región comenzarán a apagarse a finales de la década”. Antes de esa fecha, en 1978, Filbinger, un antiguo juez nazi, tuvo que dimitir al conocerse su participación en sentencias de muerte del régimen anterior. El movimiento ciudadano era criminalizado sin complejos. “Su núcleo lo forman puros terroristas, meros delincuentes”, decía el democristiano Gerhard Stoltenberg, presidente de Schleswig-Holstein. “Hay que hablar no tanto de alborotadores como de terroristas”, decía el ministro de justicia, el socialdemócrata Hans-Jochen Vogel. Más tarde, en enero de 1980, cuando se fundó el Partido Verde, el ideólogo del SPD, Egon Bahr, anunciaba el nacimiento de un “peligro para la democracia”, mientras su colega Erhard Eppler comparaba la presión de las manifestaciones antinucleares con las marchas callejeras de las escuadras nazis de la S.A.

Todo esto debe ser recordado hoy, cuando, después de Chernobyl y Fukushima, Alemania pone fecha al fin de la energía nuclear. Se ofrece así un poco de perspectiva sobre lo que le espera a una ciudadanía que ahora toma la palabra. Cualquiera que hoy hable en Europa de propuestas de cambio tan razonables como nacionalizar la banca, o prohibir el uso de las fuerzas armadas fuera de las fronteras sin expreso referendo popular, merece ese tipo de histeria. Que a lomos del camello haya un truhán cairota con turbante o un conseller inepto con barretina, cambia poco el asunto: la histeria va incluida en el precio de cuestionar la oligarquía.

Los aganaktismeni (indignados) toman las plazas y las calles en Grecia. Censura Informativa

Los aganaktismeni (indignados) toman las plazas y las calles en Grecia
Yorgos Mitralias · · · · ·

Sin Permiso 18/06/11

Dos semanas después de sus inicios, el movimiento de los “Indignados” griegos hace desbordar las plazas de las ciudades del país por enormes multitudes que gritan su cólera y hacen temblar al gobierno Papandreu y a sus apoyos locales e internacionales. Ya no se trata de una simple protesta, ni incluso de una movilización de amplitud contra las medidas de austeridad. Desde ya, es una verdadera revuelta popular que está barriendo toda Grecia. Una revuelta que grita a los cuatro vientos su rechazo de pagar “sus crisis” y “su deuda” a la vez que abominan el bipartidismo neoliberal cuando no el conjunto de un personal político en situación desesperada.

¿Cuántos estaban el domingo 5 de junio de 2011, en la Plaza de Sintagma (plaza de la Constitución) en el centro de Atenas, justo en frente del Parlamento? Es difícil decir, ya que una de las particularidades de estas reuniones populares es que, a falta de discurso central o de concierto, hay un ir y venir permanente de manifestantes. Pero, si tenemos en cuenta a los responsables del metro de Atenas, que saben cómo calcular el número de sus pasajeros, ¡hubo al menos 250.000 personas que confluyeron a Sintagma en esta memorable noche! En suma, varias centenas de miles si a ello se agregan las multitudes “históricas” reunidas en las plazas centrales de decenas de otras ciudades griegas.

En este momento se impone sin embargo una interrogante: ¿cómo es posible que tal movimiento de masas que, además está haciendo tambalear al gobierno griego, el centro de interés europeo, haya pasado bajo completo silencio para todos los medios de comunicación occidentales? Prácticamente ni una sola palabra, durante sus 12 primeros días, ninguna imagen de estas multitudes sin precedentes que gritaban su cólera contra el FMI, la Comisión Europea, la troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo) y también contra la Sra. Merkel y el gotha neoliberal internacional. Absolutamente nada. Salvo de cuando en cuando, algunas líneas sobre las “centenas de manifestantes” en las calles de Atenas, al llamado de la CGT griega. Extraña predilección por esqueléticas manifestaciones de los burócratas sindicales totalmente desacreditados desde el momento en que a algunas centenas de metros más allá enormes multitudes manifiestan hasta muy tarde pasada la medianoche desde hace dos semanas…

Se trata, aunque parezca mentira, de una censura de dimensiones desconocidas hasta el día de hoy. De una censura política muy organizada y metódica, motivada por la preocupación de bloquear el contagio de este movimiento griego, de impedirle extenderse como una mancha de aceite en Europa. Frente a esta nueva arma de la Santa Alianza de los tiempos modernos, habrá que reaccionar todos juntos, tanto para denunciar este escándalo como para encontrar los medios de eludir esta prohibición de informar a la opinión pública, mediante el desarrollo de la comunicación entre los movimientos sociales de toda Europa y la creación y reforzamiento de nuestros propios medios de comunicación alternativos…

Volviendo a los Indignados griegos (Aganaktismeni, en griego), hay que notar que se trata de un movimiento cada vez más popular o incluso plebeyo, a la imagen de una sociedad griega habituada tras 25 años de dominación absoluta de la ideología (neoliberal) cínica, patriotera, racista e individualista que ha transformado todo en mercancía. Es la razón por la que la imagen que surge es a menudo contradictoria, mezclando lo mejor y lo peor en las ideas como en los actos de cada uno de los manifestantes. Como por ejemplo, cuando la misma persona manifiesta de manera patente un patriotismo griego con aires racistas a la vez que enarbola una bandera tunecina (o española, egipcia, portuguesa, irlandesa y argentina) para manifestar su solidaridad… internacionalista a los pueblos en lucha de estos países.

¿Debemos concluir entonces que estamos en presencia de una multitud de manifestantes esquizofrénicos? De ningún modo. Como no hay milagros, ni protestas sociales políticamente “puras”, el movimiento de los Indignados griegos se radicaliza a ojos vista a la vez que está marcado por estos 25 años de desastre social y moral. Pero, atención: todos sus “defectos” se supeditan a su característica principal que es el rechazo radical del Memorándum, de la troika, de la deuda pública, del gobierno, de la austeridad, de la corrupción, de esta democracia parlamentaria ficticia, de la Comisión Europea, en suma, del sistema en su conjunto.

No es pues por casualidad que las centenas de miles de Indignados griegos se desgañitan desde hace 14 días repitiendo consignas elocuentes tales como “No debemos, no vendemos, no pagamos”, “No se vende y no nos vendemos”, “Que se vayan ahora todos, memorándum, troika, gobierno y deuda” o “Nos quedamos hasta que ellos se vayan”. Es un hecho que consignas de este tipo unen a todos los manifestantes, como además todo lo que tenga relación al rechazo de asumir y de pagar la deuda pública.[1]

Es además la razón por la que la campaña de la Iniciativa por una Comisión de Auditoría de la Deuda Pública tiene tal éxito prácticamente en todo el país. Su caseta en plena Plaza de Sintagma está en permanencia asediada por una multitud de gente que quiere firmar su llamado u ofrecer sus servicios como voluntarios…[2]

Primero casi completamente desorganizados, los Indignados de Sintagma se han dado progresivamente una organización cuyo punto cumbre es la Asamblea popular que atrae cada noche a las 21:00 horas varias centenas de participantes ante unos miles de auditores muy atentos. Los debates son a menudo de gran calidad (p.ej. aquel sobre la deuda pública), sobrepasando de lejos todo lo que hay de mejor en los grandes canales de televisión. Y todo ello a pesar del ruido (estamos en pleno centro de una ciudad de 4 millones de habitantes), el ir y venir de decenas de miles de personas y sobre todo, la composición variopinta de estos auditorios colosales en medio de un campamento permanente que por momentos se asemeja a una verdadera Torre de Babel.

Todas estas virtudes de la “Democracia Directa” experimentada día tras día en Sintagma, no deben hacernos olvidar sus debilidades, sus ambigüedades o sus defectos, como p.ej. su alergia inicial a todo lo que se refiera a partidos, a sindicatos o a toda colectividad establecida.

Si bien es indiscutible que esta aversión por los “partidos” es dominante en las multitudes de los Indignados griegos que tienen tendencia a rechazar al conjunto del mundo político sin distinción, hay que notar aun cuando la evolución espectacular de la Asamblea Popular, tanto en Atenas como en Salónica, que ha pasado del rechazo de los sindicatos a la invitación para hacer desembocar sus manifestaciones en Sintagma, para que sus trabajadores se unan a los Indignados…

Por supuesto, no es ningún secreto que, con el paso del tiempo, hubo una clarificación del paisaje político de la Plaza de Sintagma, la derecha y la extrema derecha popular estando representada entre la multitud en la parte alta de la Plaza, justo delante del Parlamento, y la izquierda radical y anarquizante ocupando la Plaza misma y controlando la Asamblea Popular y el campamento permanente.

Sin lugar a dudas, si bien esta izquierda radical da el tono y deja su huella en todas las actividades y manifestaciones en Sintagma, tiñéndoles de un rojo intenso, no se puede concluir que los diversos matices de la derecha populista, patriotera, racista o incluso francamente neonazi van a cesar sus tentativas de influenciar este gigantesco movimiento popular. Van a persistir y todo depende, en última instancia, de la capacidad de la vanguardia del movimiento de enraizarlo profundamente en los barrios, los centros de trabajo y las escuelas a la vez que le dotan de objetivos claros que sirvan de puente entre sus enormes necesidades inmediatas y la rabia vengadora y antisistema.

Bastante diferente de su homólogo español por sus dimensiones, su composición social, su radicalidad y su heterogeneidad política, el Sintagma griego comparte con la Plaza Tahrir del Cairo o la Puerta del Sol de Madrid el mismo odio por la élite política y económica que acapara y vacía de todo contenido la democracia parlamentaria burguesa en tiempos del más arrogante e inhumano neoliberalismo. Al mismo tiempo, está impregnado del mismo deseo participativo, democrático y no violento que marca profundamente toda revuelta popular en este inicio del siglo XXI.

Nuestra conclusión no puede ser sino muy provisional: independientemente de la evolución de los acontecimientos, que se anuncian ya como un cataclismo, el movimiento actual de los Indignados griegos habrá marcado un hito en la historia del país. En adelante, todo es posible y ya nada será como antes…

Publicado en Sin Permidso

#15M | No más lecciones de democracia: Antón Losada

No más lecciones de democracia
Jueves, 16 de junio del 2011
El Periodico
Antón Losada Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela

A nadie pueden gustarle los sucesos acontecidos en los alrededores del Parlament. Solo aplaudirá quien busque otra oportunidad para destruir por destruir. La indignación no justifica la coacción, ni la violencia. De cualquier intensidad, contra un diputado o un transeúnte. Pero igualmente justo es reconocer que ese ni es, ni ha sido, el sello del #15M. Más bien, constituye la excepción.

Conviene también poner las cosas en perspectiva para valorar mejor su gravedad. Noviembre del 2005, en los primeros meses del cambio de gobierno bipartito y en el Parlamento gallego: un centenar de alcaldes del PP, perfectamente organizados y sincronizados, interrumpen el pleno desde la tribuna de invitados con un sorprendente repertorio de gritos, amenazas e insultos contra sus señorías. La policía los desaloja con imágenes de espectacular crudeza. A los diputados del PP les pareció tan democrático y tan sano que, al día siguiente, ocuparon ellos la tribuna mientras los mismos alcaldes bloqueaban el acceso al Parlamento. A nadie, ni siquiera a mi, ni siquiera hoy, se le ocurrió decir que el PP fuera un peligro para la democracia, o un movimiento que hubiera traspasado las traídas y llevadas líneas rojas. En muchos de los medios hoy alarmados por el #15M, más bien se culpó al bipartito por insensible. Ya puestos a examinar talantes democráticos, qué decir de esas fiestas de la libertad de expresión y la democracia bien entendida que suponen cada año los insultos y amenazas a Zapatero en el desfile de la Hispanidad; los mismos donde tantos no perciben más que sana ira ciudadana.

La máquina de machacar al #15M ya está en marcha. Si se indignan en Sol, malo para el comercio. Si lo hacen en la Ciutadella, malo para la democracia. Por lo visto, solo pueden indignarse en su casa. Ya solo falta descriogenizar al Cojo Manteca. Inútil consuelo refugiarse en semejante debate para evitar las cuestiones mayores planteadas desde las plazas. No se puede ilegalizar el descontento, ni prohibir la insatisfacción.

No más lecciones de democracia. Por favor. Aún sigue aguardando respuesta el malestar mayoritario por el cínico funcionamiento del sistema. También espera tanta indignación por unas políticas que solucionan los problemas de quienes crearon la crisis feroz y se han hecho ferozmente ricos. La pregunta ya no es qué van a hacer los acampados, o qué piden. La cuestión es qué van a responder las instituciones y actores interpelados.

Ni la democracia real está en las plazas, ni en los Parlamentos se refugian los secuestradores de la democracia. Lo mejor del #15M ha sido su voluntad de recuperar la dimensión deliberativa de la democracia. No caigamos en el error de reemplazar un conjunto de simplezas por otro mayor y más simplón. Para no acabar siendo juguetes rotos de cuatro oportunistas, los indignados deberían tener muy presente la realista sabiduría de Chesterton cuando dijo que no se puede hacer una revolución para tener la democracia, hay que tener la democracia para hacer una revolución.

Publicado en El Periódico 16-6-11

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