Gunter Grass, Poema

Poema de Gunter Grass sobre Alemania, Israel e Irán.

Lo que hay que decir:  Traducción publicada en El País

Artículo de José Maria Ridao interpretando qu nos dice Gunter Grass

Iran, Síria y la seguridad del Planeta: Tsunami 21 | Lecturas de la crisis y la lucha de clases.

Economía de crecimiento cero: reseñas de libros para reflexionar:

1.- Prosperidad sin crecimiento: economía para un planeta finito: Tim Jacksonreseña de Joan Martínez Alier. Sin Permiso

2.- Entienden bien sus defensores las implicaciones políticas radicales de una economía de crecimiento cero: Ted Trainer.

Sin Permiso

Irán, Siria y la seguridad planetaria

Expuestos por los secretarios de Defensa y Estado de EE.UU, Leon Panetta y Hillary Clinton, los “desafíos” del año guardan una relación kafkiana con las realidades del planeta.

La crisis no es el calentamiento global, ni los 40.000 muertes diarias por hambre y miseria, ni los 1,6 billones de dólares anuales que se gasta en ejércitos en un contexto de quiebra económica.

Los “desafíos estratégicos” son un ejército más pequeño pero mejor, más flexible y tecnológico (“smart defense”), el anunciado “fortalecimiento en Asia”, para contrarrestar el ascenso chino, compatibilizar esa mudanza de recursos con el mantenimiento de la presencia en Europa y las alianzas allá ( y en África y América Latina), y seguir siendo capaces de intervenir militarmente, “en cualquier momento, en cualquier lugar del mundo”, Panetta dixit.

Rafael Poch, La Vanguardia 4-2-12:

3.- El Pentágono evalua la hipótesis de que Israel ataque Irán en primavera

4.- El presidente de la Junta del Alto Estado Mayor de la Defensa de estados Unidos(JCS, por sus siglas en inglés), el general Martin Dempsey, comunicó a los dirigentes israelíes el 20 de enero que EEUU no iba a participar en una guerra contra Irán iniciada por Israel sin el acuerdo previo de Washington, según han referido altos mandos del ejército bien situados.

La información, firmada por Gareth Porter, la publica Asia Times Online y la recoge Rebelión.

Israel bien podría Hacerlo (atacar a Irán) Javier Valenzuela El País 5-2-12

5.- A gente como Bibi Netanyahu, Moshe Yaalon y Ehud Barak hay que tomarla en serio cuando dice que va a por alguien. Tienen el gatillo fácil si piensan que la existencia misma de Israel está en peligro. Lo que, a pesar de que ese Estado tenga uno de los mejores ejércitos y uno de los mejores servicios de espionaje del mundo, y también unas cuantas bombas nucleares, ocurre con frecuencia. Ahora el trío dirigente del Gobierno israelí da a entender que atacará Irán en algún momento de los próximos meses para frenar el programa nuclear de los ayatolás, y, le guste o no, el resto del mundo debe incluir eso en sus previsiones para este nuevo annus horribilis.

6.- Blog de Nazanin Armanian 5-1-12: Un ataque militar podría golpear todas las instalaciones nucleares de Irán

7.- Global Research: Carta secreta de Obama a Teherán: ¿está ya en marcha la guerra contra Irán? Mahdi Darius Nazemroaya 25-1-12

8.- Rafael Poch, La Vanguardia 4-2-12: El Pentágono evalua la hipótesis de que Israel ataque Irán en primavera

9.- Más artículos sobre Irán publicados en Tsunami 5

9.- Blog de Nazanin Armanian 5-1-2-12: Siria: ingeniería de una injerencia militar.

10.- La crisis siria convierte de nuevo en rivales a Rusia y Estados Unidos: El País 5-2-12

L’OTAN, una amenaça global (en català)

11.- Boicot académico israelí: el caso Tantura: (negación de limpieza étnica realizada en 1948 en Tantura). Ilan Pappe

(de lectura imprescindible y escalofriante…) El País 6-2-12

Attac Acordem

Convocatòria i Manifest de la Plataforma contra la Impunitat: Contra la Impunitat del Franquisme – Contra la Corrupció.

Participen: Miquel Caminal, Josep Maria Mena i Montserrat Armengou.

Crisi Global 5 - IRÁN | Selección artículos opinión | Selecció articles opinió.

Crisis Global 5 2012-1-13

Iran

EEUU e Israel libran desde hace dos años una guerra encubierta contra Irán que incluye el asesinato de varios de sus científicos nucleares y el sabotaje de sus instalaciones de enriquecimiento de uranio. Así lo afirmaba el diario The New York Times el día 2012-1-12, en un gran artículo de portada.

Público: Isabel Piquer – Corresponsal en Nueva York

Según el New York Times, la CIA y el Mosad son directamente responsables de la muerte de cinco expertos iraníes desde 2010.

La última víctima de esta campaña secreta fue Mustafá Ahmadi-Roshan un químico de la Universidad Sharif, responsable de la central de enriquecimiento de uranio de Natanz, asesinado con una bomba-lapa colocada en su coche.

El Financial Times listaba hace unos días las otras presuntas víctimas de estas operaciones que habrían contado con el apoyo logístico de los servicios británicos, el MI6: Masud Ali Mohammadi, un experto en física cuántica de la Universidad de Teherán, muerto el 12 de enero de 2010, después de que una bomba, activada por control remoto, estallara cerca de su casa; Majid Shahriyari, uno de los científicos nucleares más importantes, fiel al régimen, asesinado el 29 de noviembre de 2010, en la calle de un barrio norte de Teherán por un artefacto colocado debajo de su vehículo por unos motoristas en un atasco (la misma técnica utilizada en el atentado de esta semana); Fereydoon Abbasi-Davani, otro científico, próximo a la Guardia Revolucionaria, herido el mismo día en un ataque parecido del que escapó al saltar del vehículo; y Dariush Rezaei-Nejad, un joven experto del programa nuclear que cayó abatido por dos motoristas, a las afueras de su casa, también en Teherán, el 23 de julio de 2011.

“Cuando la gente me pregunta cuándo Israel atacará Irán resumía al diario neoyorquino Patrick Clawson, analista del Washington Institute for Near East Policy, “contesto: hace dos años”.

De nuevo el arma del petróleo: Mariano Marzo Carpio es catedrático de Recursos Energéticos en la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona. El País 2012-1-13

Artículo completo

A finales de 2010, Irán ocupaba el tercer lugar en el ranking mundial de reservas probadas de petróleo, con unos 137.000 millones de barriles (el 9,9% del planeta), mientras que su producción alcanzaba los 4.245.000 barriles diarios (un 5,2% del total), lo que le convertía en el cuarto productor mundial y en el segundo de la OPEP, tras Arabia Saudí. Por lo que respecta al gas natural, las cifras resultan aún más impresionantes. Con unas reservas de 29,6 billones de metros cúbicos (el 15,8% mundial), Irán solo era superada en el ranking global por Rusia, mientras que en términos de producción ocupaba la cuarta posición con 138.500 millones de metros cúbicos anuales (un 4,3% del total). La práctica totalidad del gas natural extraído por Irán fue utilizado para el consumo interno. Algo muy diferente a lo que sucede con el petróleo.

Los puntos estratégicos de Oriente Próximo y norte de África por los cuales circula buena parte de las exportaciones de hidrocarburos son los estrechos de Ormuz y de Bab el-Mandeb, así como el canal de Suez. El flujo a través del primero fue en 2009 de 15,5 millones de barriles de petróleo diarios (lo que en promedio equivale a unos 13 petroleros), representando el 33% de todo el crudo transportado por vía marítima en el mundo y el 17% del comercializado globalmente. El 75% de todo el petróleo canalizado a través del estrecho de Ormuz, que en su punto más angosto tiene 21 kilómetros de ancho, se dirige a los mercados asiáticos.

Irán, Irak, Kuwait, Omán, Catar, Arabia Saudí y la Unión de Emiratos Árabes albergan conjuntamente cerca de 81 millones de chiíes que representan el 61% de la población del Golfo. Pero es que, además, los chiíes totalizan el 62% de la población de Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudí y la Unión de Emiratos Árabes, cinco Estados que suman el 58% de las reservas mundiales de petróleo. Y eso sin olvidar que la mayoría de los campos y las instalaciones petroleras se encuentran en zona de mayoría chií. Una realidad que quizás explique por qué la represión de la primavera árabe en Bahréin ha sido vista con otros ojos en Occidente.

Vídeos Mariano Marzo

Energia, petroli i revoltes àrabas – català -.

Sin alternativa a los combustibles fósiles, deberemos cambiar la forma de vivir – español -.

Los precios del petróleo se disparan: españo 2011-2-24

Obama tiró la toalla: Nazanin Armanian, iraní, licenciada en Ciencias Políticas, periodista, trabajo como profesora-tutora de Políticas en la UNED y doy cursos “virtual complementarios” en la Universidad de Barcelona. Público 2012-1-8.

Obama no ha aprendido la lección de Irak: el precio de eliminar a un rival de Israel en la zona y bañar en oro negro al gobierno “petrolero” de Bush fue que EEUU perdió a un valioso colaborador, Saddam Husein. Teherán también demostró con su cooperación en las guerras de Irak y Afganistán que, sin convertirse en un aliado, puede dejar de ser un adversario. Incluso, más allá de las palabrerías, los ayatolás han sido capaces de vivir en la coexistencia pacífica con todos los vecinos, incluido el Estado judío.

Que el actual inclino de la Casa Blanca tampoco haya respondido a ¿Por qué nos odian? en los países musulmanes agredidos, explica su nefasta política en Pakistán: humillar a su gobierno y lanzar bombas y misiles contra los civiles, lo que ha convertido a este pilar del dominio de EEUU en la región en un formidable enemigo. Ignora la fragilidad del techo de cristal de ese odio. Hasta Bush impidió, en 2008, un ataque israelí a Irán. Algo sabe el jefe del Mossad, Tamir Pardo cuando afirma que “un Irán nuclear no amenaza necesariamente la existencia de Israel”. Lo que sí podrá amenazarle será la ilusión de “éxito” de los primeros ataques.

Las tres guerra de Obama: José Ignacio Torreblanca El País 2012-1-13 @jitorreblanca y en el blog de elpais.com Café Steiner.

La tercera guerra de Obama está cuajando, al parecer, en torno a Irán. Los 8.000 pilotos y técnicos aéreos estadounidenses desplazados a Israel en los últimos días con el objeto de realizar maniobras conjuntas ofrecen una respuesta muy clara al anuncio de Irán de que va a enriquecer uranio por encima de los niveles requeridos para su uso civil. A su vez, la ristra de atentados contra científicos iraníes, aunque supuestamente se lleve a cabo mediante actores interpuestos, bien sean opositores iraníes, los servicios de inteligencia israelíes o, ¿por qué no?, Arabia Saudí u otros que también consideran el programa nuclear iraní como una amenaza de primer orden, no es algo que pueda ocurrir sin la aquiescencia, aunque sea implícita, de Estados Unidos. Sumados a la tensión generada por las sanciones al sector petrolero iraní y las amenazas de Teherán sobre el estrecho de Ormuz, todo indica que los actores involucrados han decidido elevar sus apuestas y, en consecuencia, las posibilidades de un conflicto abierto.

Las tres guerras de Obama: Pakistán, Líbia e Irán.

Jean Pierre Filiu: las 9 vidas de Al Qaeda – Pakistán els eslabón débil. Vídeo

Líbia, revoltes àrabas: Antoni Segura – català – vídeo

España principal afectada por el embargo al petróleo iraní. Crisis Energética 2012-1-4

Las medidas de sanción prometen ser otro quebradero de cabeza para la economía española desde el momento en que empiecen a aplicarse. Según los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), dependiente del Ministerio de Industria solo Rusia supera a la república islámica en exportaciones de petróleo a España.

España importa anualmente (el último dato disponible corresponde al periodo entre octubre de 2010 y octubre de 2011) casi 51,9 millones de toneladas de petróleo, de las que 7,6 millones de toneladas, el 14,7% del total, proceden de Irán. El país del Golfo se coloca así solo por detrás de Rusia (8,3 millones de toneladas, el 16% del total) y superando a Arabia Saudí (7,2 millones de toneladas, el 14%), Nigeria (7,1 millones de toneladas, el 13,6%) o México (5,4 millones de toneadas, el 10,5% del total).

Una guerra psicológica entorno a Irán: Fiódor Lukiánov, es director de la revista “Rusia en la política global”, una publicación rusa que difunde opiniones de expertos sobre la política exterior de Rusia y el desarrollo global.

El crecimiento de las tensiones se debe a que por primera vez en largos años de discusiones en torno a las ambiciones nucleares iraníes se combinan dos factores: uno, global, el planteamiento de no proliferación, y otro, regional, que es la oposición entre los regímenes sunitas de los grandes países árabes y el Irán chiita, agravada a raíz de la Primavera árabe.

Para EEUU la situación es un problema con dos caras. Por una parte, empleando la terminología del ex Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, podríamos decir que está apareciendo una coalición de voluntarios: las monarquías árabes, Israel, EEUU. Cada uno aspira, por sus propios motivos, a cerrar la cuestión iraní.

Por otra parte, Washington corre riesgo de verse involucrado en una complicada intriga en torno a Irán, en la que el papel de líder pertenece a los países árabes, sobre todo las monarquías ricas del Golfo Pérsico.



¿Atacará Israel las instalaciones nucleares de Iran? Artículos

La OIEA advierte que Irán está a punto de conseguir la bomba nuclear: según Washington Post

El País 7-11-11

Obama debe parar la intención de Netanyahu y Barak de atacar Iran Traducción de Google

Akiva Eldar, columnista de referencia de Haaretz y editorialista del periódico.

Vídeo WikiLeaks

Los líderes radicales de Israel fuerzan un ataque a Irán* Sefi Rachlevsky * Diario Haaretz de Israel. 2-11-11 Traducción de Rebelión.

La decisión de atacar Irán debe ser hecha con una mente clara. Haaretz 3-11-1q * Ari Shavit. Traducción Google

Ataque a Irán podría desencadenar un conflicto regional desde Afganistán a Gaza. Yitzhak Benhorin. Traducción de Google

Netanyahu presiona al ejército de Israel para lanzar un ataque a Irán. El País 2-11-11 Traducción de Google

Simulacro de ataque con cohetes en el centro de Israel   Haaretz 3-11-11 Traducción de Google

Debate El País: ¿Qué consecuencias tendría un ataque de Israel a Irán? 3-11-11

Informe: el Reino Unido está preparándose para un posible ataque a las instalaciones nucleares de Irán. Haaretz 2-11-11 Traducción de Google

Iran: Juegos de Guerra. Editorial The Guardian 2-11-11 Traducción de Google

Lieberman: Irán representa la mayor amenaza al orden mundial. Haaretz 2-11-11 Traducción de Google

Irán unidos y listos para la guerra con Israel.   Haaretz 3-11-11. Traducción de  Google

Periódicos publicados en Israel


Bahrein, Libia y las intervenciones foráneas en la primavera revolucionaria árabe: Ziad Abu-Rish

Bahrein, Libia y las intervenciones foráneas en la primavera revolucionaria árabe
Ziad Abu-Rish

Ziad Abu-Rish es co-editor de Jadaliyya, la imprescindible página del MERIP (Middle East Research and Information Project), de Washington.

Sin Permiso 27-3-11

“La elección a la que tenemos que enfrentarnos quienes queremos actuar en solidaridad con el pueblo libio no pasa por no hacer nada, abandonando al pueblo libio a su propio destino, o hacer algo, concediendo a poderosas fuerzas foráneas la determinación de lo que vaya a ser ese algo.”

El foco de la “primavera árabe” se ha desplazado de los exitosos levantamientos populares en Túnez y Egipto al triste desarrollo de los acontecimientos en Bahrein y Libia. Mientras las fuerzas militares británicas, francesas y estadounidenses van tomando “todas las medidas necesarias” para derribar al régimen de Gadafi, tropas de la Fuerza del Escudo de la Península del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) siguen “estabilizando” al régimen de al-Khalifa, amenazado por un levantamiento democrático en Bahrein. Las discrepancias entre la intervención a favor de la estabilidad del régimen en Bahrein y la intervención para cambiar el régimen en Libia se ven subrayadas por el hecho de que quienes intervienen en ambos casos son los mismos. Los Estados miembros del CCG y de la Liga Árabe que han enviado sus tropas en apoyo de la monarquía de Bahrein son los mismos Estados que se han ofrecido a participar en una campaña militar contra la Jamahiriya en Libia. Análogamente, las potencias occidentales que han apelado al principio de la “responsabilidad de proteger” como justificación para intervenir en Libia son los mismos Estados que han llamado a la “abstención” en Bahrein. En ambos casos, y a despecho de las diferencias de naturaleza y contexto de los distintos levantamientos, los regímenes autoritarios están atacando brutalmente a la población civil por la vía del empleo de fuerza letal, arrestos, detenciones y desapariciones. En ambos casos, y a despecho de las diferentes justificaciones ofrecidas y de las distinta naturaleza de cada intervención, la lógica subyacente a las acciones de las potencias occidentales y árabes es una y la misma.

Cuando fuerzas extranjeras intervienen para ayudar a un régimen a sofocar por la fuerza las exigencias democráticas populares, poco más cabe decir para forjarse una idea del problema. Pero cuando los mismos poderes intervienen para derribar a otro régimen autoritario, no deberíamos dejar de estimar los peligros de la intervención. Muchos han sostenido convincentemente que las referencias a los legados históricos coloniales y autoritarios y las actuales hipocresías que cubren sus vergüenzas con la hoja de parra de la responsabilidad no bastan para justificar una abstención en el caso de Libia; abstenerse, montaría tanto como limitarse a promover agendas políticas puramente ideológicas y renunciar a posibilidades reales de prevenir una masacre o de ayudar al éxito de un levantamiento popular que, pacífico en su origen, trocó en una revuelta armada.

Las potencias occidentales y árabes llevan días interviniendo en Bahrein y Libia. Así pues, lo que está en cuestión no es si intervenir o no, sino la de la naturaleza de las intervenciones en curso. En Bahrein, la intervención ha consistido en armar y legitimar la dominación de al-Khalifa, primordialmente a causa de intereses energéticos y geoestratégicos; en Libia, en meter en vereda al régimen de Gadafi, primordialmente por intereses energéticos y migratorios. Subrayar la entrada de tropas del CCG –apoyada por la UE y los EEUU— en Bahrein o el asalto aéreo –apoyado por el CCG y la Liga Árabe— a las fuerzas de Gadafi como punto de partida de la intervención equivale a hacer invisible la miríada de vías por las que los regímenes autoritarios de Bahrein y de Libia fueron integrados –aun si de maneras distintas— en las estrategias locales y regionales de las potencias occidentales y árabes. Así pues, el debate sobre lo que debe hacerse en esta singular coyuntura no puede limitarse a partir del momento presente. Hacerlo, como hacen quienes pretenden justificar la continuación de la ocupación estadounidense de Irak en medio de una muy real amenaza de guerra civil, es ignorar algunas de las más decisivas razones que explican por qué hemos llegado a la actual situación. Las intervenciones extranjeras siempre actúan conforme a la lógica de sus propios intereses, y no hay razón para conjeturar que esa lógica pueda llegar a acomodarse a los intereses del sufrido pueblo allí emplazado. De modo y manera, así pues, que no sólo la intervención en Bahrein apunta a una contradicción entre los principios y la práctica. Ocurre también que tal actuación apunta a la necesidad de cuestionar el presupuesto de que la actual intervención en Libia lo es de facto en interés del pueblo libio.

La elección a la que tenemos que enfrentarnos quienes queremos actuar en solidaridad con el pueblo libio no pasa por no hacer nada, abandonando al pueblo libio a su propio destino, o hacer algo, concediendo a poderosas fuerzas foráneas la determinación de lo que vaya a ser ese algo. Llamar a una intervención directa en Libia no tendría que haberse equiparado a conceder carta blanca a las potencias occidentales y árabes en la determinación del mejor modo de lidiar con la situación en Libia. Tendríamos que haber puesto a debate todas y cada una de las posibles formas de intervención. Pero también deberíamos habernos limitado a abogar por tipos de intervención fundados en detallados análisis coste/beneficio exclusivamente atenidos a las necesidades y a las aspiraciones del pueblo libio. Lo que, en cambio, se ha autorizado y emprendido es el desarrollo de una amplia gama de tácticas sin clara estrategia y puestas por obra por poderosas fuerzas foráneas. Bahrein, por no hablar de Afganistán e Irak, ofrece algo más que un ejemplo contradictorio del modo en que se comportan las potencias occidentales y árabes. Lo que es más importante aún, ofrece una seria advertencia para que no hagamos dejación de nuestra responsabilidad de solidaridad, abandonándola en manos de los mismos poderes contra los que precisamente se forja nuestra solidaridad.

Los actuales procesos en curso en Bahrein y en Libia son formas de intervención que arrebatan el control a los actores políticos locales. Sin embargo, hay una diferencia: los que somos solidarios con el pueblo de Bahrein tenemos poco que decir explícitamente en punto a substituir la agenda política local; mientras que, en Libia, nuestra solidaridad ha facilitado que el control de la situación les fuera arrebatado a los actores locales. Y no a causa de nuestras intenciones, sino a causa de que no supimos lidiar suficientemente con los matices ni poner coto, ni limitaciones, ni exigencias de rendición de cuentas a quienes hemos habilitado para actuar.

Ahora, quienes tienen capacidad para tomar decisiones tanto en Bahrein como en Libia son extranjeros; reprimiendo reivindicaciones democráticas, en un caso; infligiendo un daño potencial indecible en todo un país, en el otro. Temo por la violencia autoritaria que puedan sufrir los pueblos de Bahrein y de Libia. Temo también por esos pueblos a la vista de la intervención occidental y árabe. La historia ha demostrado que ambas cosas son catastróficas, tanto desde el punto de vista del bienestar humanitario como desde el punto de vista de las aspiraciones políticas de los pueblos de la región.

Ziad Abu-Rish es co-editor de Jadaliyya, la imprescindible página del MERIP (Middle East Research and Information Project), de Washington.

Observaciones históricas para entender las Revoluciones árabes de 2011

Vídeo Sicom TV: Claves de las revoluciones àrabes

Vídeos SicomTV Bichara Khader

Rashid Khalidi, 26-3-11 Revista SIN PERMISO

La primavera revolucionaria árabe ha desconcertado a propios y extraños. A cierta izquierda consignista y superficial que no consigue despegarse de esquemas antiimperialistas arcaicamente nacionalistas y estatistas, no menos que a unas derechas proimperialistas divididas en sus designios y en sus intereses, y desconcertadas ahora ante la contestación política y social de enorme alcance a que estamos asistiendo en directo en el África septentrional, una de las más evidentes manifestaciones del desorden catastrófico generado por el capitalismo contrarreformado y remundializado de las tres últimas décadas. Rashid Khalidi, el gran especialista en historia del Oriente Próximo y heredero del refinado marxismo internacionalista del llorado Edward Said, ofrece en estas breves y enjundiosas páginas unas reflexiones de mucho interés para entender críticamente lo que está pasando en el mundo árabe.- SP.

Hacia el final de su larga y rica vida, en 1402, el renombrado historiador árabe Ibn Jaldún se hallaba en Damasco. Nos dejó una descripción del asedio de Tamerlán a la ciudad y de su entrevista con el conquistador del mundo. Ninguno de nosotros podría compararse a Ibn Jaldún, pero cualquier historiador árabe de nuestros días que observe las revoluciones árabes de 2011 se verá embargado por el mismo sentimiento de pavor reverencial que debió de experimentar nuestro ancestro: estamos asistiendo a un cambio de primera magnitud en los asuntos del mundo.
Puede que

La primavera revolucionaria árabe ha desconcertado a propios y extraños. A cierta izquierda consignista y superficial que no consigue despegarse de esquemas antiimperialistas arcaicamente nacionalistas y estatistas, no menos que a unas derechas proimperialistas divididas en sus designios y en sus intereses, y desconcertadas ahora ante la contestación política y social de enorme alcance a que estamos asistiendo en directo en el África septentrional, una de las más evidentes manifestaciones del desorden catastrófico generado por el capitalismo contrarreformado y remundializado de las tres últimas décadas. Rashid Khalidi, el gran especialista en historia del Oriente Próximo y heredero del refinado marxismo internacionalista del llorado Edward Said, ofrece en estas breves y enjundiosas páginas unas reflexiones de mucho interés para entender críticamente lo que está pasando en el mundo árabe.- SP.
Hacia el final de su larga y rica vida, en 1402, el renombrado historiador árabe Ibn Jaldún se hallaba en Damasco. Nos dejó una descripción del asedio de Tamerlán a la ciudad y de su entrevista con el conquistador del mundo. Ninguno de nosotros podría compararse a Ibn Jaldún, pero cualquier historiador árabe de nuestros días que observe las revoluciones árabes de 2011 se verá embargado por el mismo sentimiento de pavor reverencial que debió de experimentar nuestro ancestro: estamos asistiendo a un cambio de primera magnitud en los asuntos del mundo.
Puede que esta coyuntura carezca de precedentes en la historia árabe moderna. De repente, regímenes despóticos sólidamente afianzados durante más de cuarenta años parecen vulnerables. Dos de ellos –en Túnez y, luego, en El Cairo— se desplomaron ante nuestros ojos en cuestión de semanas. Los viejos hombres que dominaban la situación revelaron subitáneamente su verdadera edad; la distancia que les separaba de sus poblaciones, nacidas varias décadas después, nunca fue tan grande. Una situación política aparentemente congelada se ha fundido de un día para otro al calor de la insurgencia popular que comenzó en Túnez y en Egipto y ahora se extiende por doquiera. Somos testigos privilegiados de uno de esos raros momentos de la historia universal en que las verdades más fijas y solidificadas se desvanecen y aparecen nuevos potenciales y nuevas fuerzas. Tal vez, algún día, algunos podremos decir lo que dijo Wordsworth de la Revolución Francesa: ―Una gran dicha fue estar vivo en esa aurora, pero ser joven era el cielo mismo‖.
Han sido éstas, hasta ahora, revoluciones desarrolladas por gentes comunes que exigen pacíficamente libertad, dignidad, democracia, justicia social, rendición de cuentas, transparencia e imperio de la ley. Se ha visto que los jóvenes árabes tienen esperanzas e ideales semejantes a los de las gentes que contribuyeron a las transiciones democráticas en la Europa del Este, América Latina y el sur, el sureste y el este de Asia. Esas voces sólo han sorprendido a quienes se llamaban a engaño con la propaganda de los propios regímenes árabes o de los medios occidentales, obsesivamente centrados en el fundamentalismo y el terrorismo islámicos en todo lo referente al Oriente Próximo. Así pues, este es un superlativamente importante momento, no sólo para el mundo árabe, sino también para el modo en que los árabes son vistos por los demás. Un pueblo sistemáticamente descalificado por décadas en Occidente se ve ahora por vez primera bajo los focos de una luz positiva.
Nada está todavía decidido en estas revoluciones árabes. Y las tareas más complejas están por venir. Resultó difícil derrocar a un tirano intocable y a su codiciosa familia, en Túnez como en El Cairo. Mucho más difícil será cambiar completamente el régimen y construir un sistema democrático que funcione. Y más difícil todavía afianzar un sistema democrático, si finalmente resulta hacedera su forja, no sometido a poderosos intereses creados. Finalmente, resultará una tarea hercúlea para cualquier nuevo régimen democrático popular conseguir justicia social y un rápido crecimiento económico, imprescindible para promover la igualdad de oportunidades, la educación de calidad, buenos puestos de trabajo, vivienda digna y unas infraestructuras públicas de todo punto necesarias. Los viejos regímenes fracasaron en todas esas cosas: quienes en Egipto viven con menos de 2 dólares al día han pasado de constituir el 39% a ser el 43% de la población en la última década de Mubarak en el poder. Un fracaso en el cumplimiento de esas hercúleas tareas podría muy bien traer consigo el regreso de las tenebrosas fuerzas de la reacción y la represión: la contrarrevolución árabe está, en efecto, activa en Libia, en Bahrein y por doquiera. Ese fracaso podría también redundar en beneficio de las tendencias violentas que prosperan en circunstancias de caos y desorden, como las que se desencadenaron en la ocupación norteamericana de Irak. Y no debemos olvidar jamás que esto es el Oriente Próximo, la región más codiciada del mundo, la más penetrada por intereses foráneos. Es vulnerable, como lo ha sido a lo largo de toda su historia, a una intervención extranjera que fácilmente podría distorsionar los resultados.
Sin embargo, lo que ha comenzado en Túnez y El Cairo ha abierto horizontes que desde hace mucho tiempo permanecían cerrados. Se han desencadenado la energía, el dinamismo y la inteligencia de la generación joven en el mundo árabe, luego de haber sido represados por un sistema que los trataba con desdén y que concentraba el poder en manos de una generación mucho más vieja. Aparentemente de la nada, los jóvenes han sacado una confianza, una seguridad y un coraje que hecho tambalearse a unos temibles regímenes estatales policíacos, otrora tenidos por invencibles.
¿Carece de genuinos antecedentes esta insurgencia revolucionaria? El mundo árabe ha sido escenario de levantamientos y revueltas durante toda su historia moderna. Durante la ocupación francesa, la población del El Cairo se rebeló repetidamente, llegando a liberar de los franceses efímeramente a la ciudad en 1800. Egipto se rebeló de nuevo contra la dominación extranjera en los años que siguieron a 1882; volvió a rebelarse contra los británicos en la gran revolución de 1919, y de nuevo en 1952. Durante la revuelta siria de 1925-26, los franceses fueron echados de la mayor parte de damasco y bombardearon salvajemente la ciudad. Los ejemplos abundan. La resistencia libia contra los italianos, que empezó en 1911 y duró más de 20 años; la gran revolución iraquí de 1920; la de Marruecos en 1925-26; la revuelta palestina de 1936-39: todos esos episodios provocaron campañas coloniales feroces. Marcaron elprincipio de un sombrío capítulo de la historia humana: el primer uso del bombardeo aéreo contra civiles en Libia en 1911; y el primer uso de gases venenosos contra civiles en Irak en 1920.
¿Qué distingue hasta ahora el levantamiento revolucionario al que estamos asistiendo ahora en el mundo árabe de sus numerosos antecedentes? Una de las aparentes diferencias es que en Túnez, Egipto, Bahrein y muchos otros países las cosas han discurrido hasta ahora de manera harto pacífica: ―Silmiyya, silmiyya‖, cantaban las muchedumbres en la plaza de Tahrir. Pero también discurrieron de esta guisa muchos levantamientos árabes en el pasado. Así muchos episodios de las largas luchas egipcias e iraquíes para poner fin a la ocupación militar británica, y las sirias, libanesas, marroquíes y tunecinas para poner fin a la de Francia, por no hablar de la primera Intifada palestina contra la ocupación israelí entre 1987 y 1991. Las tácticas no violentas ampliamente utilizadas en los recientes levantamientos en Egipto y otros sitiios no constituyen una novedad en las revueltas árabes, que tienen una larga y densa historia pasada de protesta no violenta, o al menos, desarmada.
También se ha dicho que lo que distingue a esas revoluciones de otras pasadas en el mundo árabe y otros lugares del Oriente Próximo es que ahora se centran en la democracia y el cambio constitucional. Y es verdad que ésas han sido reivindicaciones centrales. Pero tampoco eso carece de precedentes. Hubo efervescencia constitucional sostenida en Túnez y Egipto a finales de la década de los 70 del siglo XIX bajo las ocupaciones británica y francesa de esos países en 1881 y 1882. Análogos debates llevaron al establecimiento de una constitución en el Imperio Otomano en 1876, que duraron con interrupciones hasta 1918. Todos los estados sucesores del Imperio Otomano se vieron profundamente influidos por ese accidentado experimento constitucional. En 1906, Irán instituyó un régimen constitucional, un régimen, no obstante, repetidamente eclipsado. En período de entreguerras y posteriormente, los países semi-independientes e independientes en Oriente Próximo estuvieron en general gobernados por regímenes constitucionales.
Se trató en todos los caso de experimentos constitucionales fallidos, enfrentados a enormes obstáculos en forma de intereses creados, proclividades autocráticas de los dirigentes y analfabetismo y miseria de las amplias masas. Al final, de los muchos problemas que tenían planteados sus sociedades, lograron resolver muy pocos. Pero los fracasos en punto a instituir regímenes constitucionales duraderos no se debieron solamente a esos factores internos. También se debieron al hecho de que esos gobiernos fueron sistemáticamente saboteados por las potencias occidentales, cuyas ambiciones se veían a menudo frenadas por parlamentos democráticos y una incipiente prensa y opinión pública que insistía en la soberanía nacional y en una justa participación en el reparto de sus propios recursos. A partir de finales del siglo XIX, eso formó una pauta una y otra vez repetida. Lejos de venir en apoyo del gobierno democrático del Oriente Próximo, las potencias occidentales se dedicaron por lo común a sabotearlo y a conspirar con las elites locales antidemocráticas, prefiriendo lidiar con autócratas acomodaticios, débiles y prontos al soborno.
De modo que lo que los hace sin ejemplo histórico no es la naturaleza democrática de estos levantamientos revolucionarios de 2011. Las revoluciones que tuvieron lugar entre 1800 y la década de los 50 del siglo XX estuvieron primordialmente orientadas a poner fina a la ocupación extranjera. Esas revoluciones de liberación nacional terminaron dando en la expulsión de las viejas potencias coloniales y sus odiadas bases militares en el grueso del mundo árabe. Esas revoluciones acabaron generando regímenes nacionalistas en el grueso del mundo árabe. Los de Argelia, Libia, Sudán, Siria y Yemen aún mantienen el poder. El de Irak fue derrocado por una invasión y una ocupación que han dejado un país devastado. Sólo en Túnez y en Egipto han sido hasta ahora esos regímenes derribados por sus pueblos, un resultado, no obstante, que dista por mucho de haberse consolidado.
Lo que de verdad distingue a las revoluciones de 2011 de sus predecesoras es que significan el fin de la vieja fase de la liberación nacional del dominio colonial y están, ahora, centradas en los problemas internos de las sociedades árabes. Huelga decir que durante la Guerra Fría el viejo colonialismo terminó dando paso a una forma más perniciosa de influencia exterior, primero de las dos potencias, y en los últimos veinte años, de los EEUU solamente. Todo el sistema regional árabe resultó apuntalado por esta hiperpotencia, cuyo apoyo resultaba crucial para la supervivencia de la mayoría de los regímenes dictatoriales que ahora se tambalean ante el desafío de sus pueblos. Mas, aunque ese importante factor ha estado siempre en el transfondo, lo cierto es que el foco de las revoluciones de 2011 está centrado en los problemas internos: en la democracia, las constituciones y la igualdad.
Ha habido otra reivindicación en 2011, sin embargo. La dignidad. Y eso ha de entenderse en dos sentidos: la dignidad de los individuos y la dignidad del colectivo, del pueblo y de la nación. La exigencia de dignidad individual resulta fácilmente inteligible. Frente a temibles Estado policíacos que aplastaban al individuo, nada más natural que esa exigencia. Las incesantes violaciones perpetradas por esos Estado autoritarios contra la dignidad de todos y cada uno de los ciudadanos árabes, así como las constantes afirmaciones de desprecio oídas de boca de sus dirigentes, acabaron siendo internalizadas generando una duradera autoabominación y una ulcerosa patología social. Lo que se manifestaba, entre otras cosas, en tensiones sectarias, un acosos sexual frecuente a las mujeres, criminalidad, drogadicción y una corrosiva incivilidad, horra de espíritu público.
Una de las peores cosas de los regímenes árabes autoritarios, aparte de su negación de la dignidad individual, fue el desprecio mostrado por los dirigentes hacia sus pueblos. A sus ojos, el pueblo era inmaduro, peligroso e incapaz de democracia. El tono paternalista y patriarcal de Mubarak en sus últimos discursos caracteriza a la perfección a esos regímenes: es el mismo tono que escuchamos ahora a Gadafi, y a los reyes y presidentes vitalicios de otros Estados árabes. Sólo Gadafi dice abiertamente lo que otros caudillos, creyéndolo, se callan: que sus pueblos son fácilmente engañados y llevados al huerto, es decir, que carecen de dignidad.
Lo que nos lleva a la exigencia de dignidad colectiva que han puesto en su estandarte las revoluciones de 2011. La falta de un sentido de dignidad colectiva árabe tiene que ver con la situación de esta región, una de las pocas que no se vio afectada por las transiciones democráticas que arrastraron a otras partes del mundo en el último cuarto del siglo XX. Súbitamente, los árabes han demostrado que no son diferentes de los demás. Estas revoluciones han creado un sentimiento de dignidad colectiva superlativamente reflejado en el orgullo mostrado por tunecinos y egipcios tras la caída de sus respectivos tiranos. ― Levanta la cabeza; ¡eres un egipcio!‖, cantaban las muchedumbres en Tahrir. Era la dignidad colectiva del pueblo egipcio, y con ella, del pueblo árabe todo, lo que se afirmaba.
Y eso trae a colación el papel de los EEUU y de su consentido protegé, Israel. Aunque se ha hecho poca mención de este enorme elefante suelto en la porcelanería durante las revoluciones de 2011, nunca dejó de estar en el trasfondo de ellas. Lo estaba el hecho de que Estados policíacos árabes se beneficiaron de equipo puntero y de prolongados entrenamientos en las mejores instalaciones estadounidenses y europeas. Latas norteamericanas de gases lacrimógenos fueron profusamente usadas contra pacíficos manifestantes en Túnez y El Cairo, como hace años se usaron sistemáticamente y con gran copia contra manifestantes palestinos en poblaciones como Bil’in en la Franja Occidental. Los matones de Ben Alí y de Mubarak estaban en excelentes relaciones con los servicios de inteligencia de los EEUU y de los países europeos. Lo que realmente significaba el apoyo occidental a la ― estabilidad – era apoyo a la represión, a la corrupción, a la frustración de las reivindicaciones populares y a la subversión de la democracia. También significaba la subordinación de los países árabes a los dictados de la política estadounidense y a las exigencias de Israel. La exigencia de dignidad colectiva es un llamamiento a poner fin a esa innatural situación.
Las revoluciones árabes de 2011 plantean muchas cuestiones. Tras una noche aparentemente sin fin, se ha desencadenado un espíritu de liberación en el mundo árabe, Es imposible decir si logrará persistir lo bastante como para superar los terribles problemas estructurales de los países árabes y derrotar las fuerzas de la reacción empeñadas en preservar el statu quo. Aunque las pertrechas elites han sido sacudidas en Túnez y Egipto por la oleada revolucionaria, no cederán fácilmente sus privilegios. Además, otras elites aún en el poder hará todo lo posible por frenar esta oleada abatida sobre toda la región.
Asunto conexo es si lo que empezó en Túnez y en Egipto tiene potencial bastante para derrocar a otras tiranías árabes. Con todas las semejanzas entre sus regímenes, cada país árabe es distinto de los otros. Las poblaciones de muchos de ellos, señaladamente Jordania, Argelia, Yemen, Bahrein e Irak, son menos homogéneas que las de Egipto o Túnez, y están atravesadas por segmentaciones étnicas, regionales o religiosas que las clases rectoras pueden aprovechar para dividir e imperar. Y en algunos casos, notoriamente en Argelia, Irak y Jordania, hay memoria de pugnaces enfrentamientos civiles que recientemente, o no tan recientemente, anegaron en sangre a esas sociedades, lo que podría ahora inhibir la protesta popular. Todos esos factores han sido movilizados por la reacción árabe, que opera transfronterizamente a fin de sostener sistemas antidemocráticos y discriminatorios, en Bahrein y por doquiera.
Con todo y con eso, el nuevo espíritu que ha embargado al mundo árabe se ha revelado contagioso, y las exigencias de democracia y bridas constitucionales a los poderes de los dominadores que comenzaron en Túnez y Egipto pueden oírse ahora en Marruecos, Argelia, Sudán, Siria, Yemen, Irak y los países del Golfo. La consigna acuñada, los primeros, por revolucionarios tunecinos y egipcios, se oye ahora por doquiera, desde el Atlántico hasta el Golfo: ―Al-sha’b yurid isqat al-nizam‖ (―El pueblo quiere la caída del régimen‖).
Resulte de todo ello lo que quiera, lo que está aconteciendo es una confirmación espectacular, no ya de las comunes aspiraciones de libertad y dignidad de toda una generación de jóvenes árabes, sino de la existencia de una esfera pública árabe común. Aunque eso debe no poco a los modernos medios de comunicación, es un error reducirse exclusivamente a las especificidades de la tecnología, ya se trate de facebook, de twiter, de teléfonos móviles o de televisión por satélite. Esa esfera pública común existía ya en el pasado, fundada en tecnologías más antiguas, como la prensa impresa y la radio. Como pasa con todas las revoluciones, ésta es resultado no de la tecnología, sino de luchas sociales inveteradas, en este caso, de uniones sindicales, de grupos de mujeres, de activistas por los derechos humanos, de islamistas, de intelectuales, de luchadores por la democracia y de muchos otros que han pagado muy caros sus afanes. Si algo hay radicalmente nuevo, son las formas capilares y no jerárquicas de organización que han ido desarrollándose entre muchos de estos grupos.
Otra cuestión que plantearán las revoluciones árabes será la del papel de las potencias occidentales en la remoción del putrefacto statu quo árabe. EEUU siempre anduvo al estricote, en su política exterior, entre sus principios, entre los que se halla la defensa de la democracia, y sus intereses, que le llevan a sostener a dictadores que hacen lo que de ellos se espera. Cuando mengua el escrutinio público, es el último impulso el que predomina en la política estadounidense en el Oriente Próximo. Ahora, con unos medios de comunicación norteamericanos contando historias de carismáticos jóvenes árabes derribando dictadores odiosos y exigiendo democracia en un inglés perfectamente comprensible, la opinión pública norteamericana está al acecho, y Washington ha respondido con un tibio apoyo a la transición democrática y con quedos llamamientos, dirigidos a sus otros clientes árabes, a la mesura en la represión de sus pueblos. El papel jugado por sórdidos intereses ya se ha afianzado en la política estadounidense en Bahrein y en Libia, que reciben tratamientos harto distintos, como distinto es también el que reciben otros países árabes testigos de levantamientos populares.
Este nuevo momento histórico en Oriente Próximo les hará harto más difíciles las cosas a Washington, a Tel Aviv y a las capitales árabes: no podrán seguir con sus viejos negocios al modo usadero. El régimen de Mubarak era un pilar central tanto para la dominación regional norteamericana como para la israelí, y será difícil, por no decir imposible, substituirlo. Los otros dominadores árabes absolutistas, aun si consiguen mantenerse en el poder, no podrán seguir ignorando a la opinión pública como invariablemente hicieron en el pasado. Las impopulares políticas tendentes a secundar sumisamente las directrices de Washington en su guerra fría contra Irán, o en su protección de Israel frente a cualquier presión hostil a la colonización y armada ocupación de territorio palestino, se harán harto más difíciles. El sistemático ingreso de la opinión pública en la determinación de la política exterior de los Estados árabes es todavía cosa del futuro. Pero se puede razonablemente esperar que los días en que los dominadores árabes podían ignorar a la opinión pública árabe y acomodarse al trato brutal dispensado por Israel a los palestinos pasaron definitivamente.
Nadie en Washington puede seguir ya confiando en la complaciente sumisión a Israel y a los EEUU, uno de los rasgos clave del estancado orden árabe que ahora se ve desafiado en toda la región. Lo que venga a substituirlo se determinará en las calles, no menos que en los cafés de Internet, en los ambientes sindicales, en las oficinas de los periódicos, en los grupos de mujeres y en los hogares de millones de jóvenes árabes. Ya han dejado dicho que no tolerarán seguir siendo tratados con el desprecio que les han venido demostrando los gobiernos durante todas sus vidas. Ya nos lo han anunciado: ―El pueblo quiere la caída del régimen‖. Quieren decir: esos regímenes que en todos y cada uno de los países árabes han robado la dignidad a los ciudadanos. También quieren decir: un régimen de alcance regional, cuyo piedra basal ha sido la humillante sumisión a los dictados de los EEUU e Israel, y que robaba a todos los árabes su dignidad colectiva.

Rashid Khalidi es el Profesor Edward Said de Estudios árabes en la Columbia University (Nueva York). Ha profesado en la Universidad Libanesa, en la American University de Beirut, en Georgetown University y en la Universidad de Chicago, y fue presidente de la Asociación de Estudios sobre el Oriente Próximo. Khalidi es autor de seis libros: Sowing Crisis: American Dominance and the Cold War in the Middle East (2009); The Iron Cage: The Story of the Palestinian Struggle for Statehood (2006); Resurrecting Empire: Western Footprints and America’s Perilous Path in the Middle East (2004); y Palestinian Identity: The Construction of Modern National Consciousness (1997; reeditado en 2010). Es autor de más de cien artículos de historia del Oriente Próximo.

Vídeo Sicom TV: Claves de las revoluciones àrabes</strong>

Vídeos SicomTV Bichara Khader

El efecto mariposa de Irán

El efecto mariposa de Irán

Publicado en el diario Público 11 feb 2011

NAZANÍN AMIRIAN, profesora de Ciencia Política de la UNED

Treinta y dos años después de la revolución que derrocó al pequeño gran dictador Mohammad Reza Pahlavi –el servil ejecutor de las políticas de Washington en Oriente Medio–,
aún se siguen buscando respuestas que expliquen su sustitución por una teocracia oscurantista que había llegado tarde a su cita con la historia. Que el sha jugara a ser coleccionista de armas oxidadas de EEUU en la frontera de la URSS –mientras perseguía con su temible Organización de Seguridad e Inteligencia Nacional (SAVAK) a la oposición democrática y mantenía en la pobreza y el analfabetismo a la mitad de los propietarios de la segunda reserva de petróleo del mundo– creó el óptimo caldo de cultivo para gestar este tipo de bonapartismos.
Era la primera vez en la historia de Irán en que la casta clerical saboreaba el poder político. Sorprendida, y al no tener un programa político y económico viable para un país desarrollado en el capitalismo, decidió llevar a cabo nada menos que una restauración religiosa. Que no lo consiguiera –más allá de la retórica y la indumentaria de las mujeres, para simular la sociedad de la era del profeta Mahoma–, llegó a decepcionar tanto al ayatolá Jomeini que, ante la insistencia de los trabajadores para realizar reformas, llegó a decir: “Sólo los animales se preocupan por su estómago”.

Jomeini utilizó con habilidad la guerra con Irak para entretener al ejército tradicional en el frente y crear otro fiel a su doctrina. Así nacieron los Guardianes Islámicos, los paramilitares basiyí (reclutas) y otras milicias, compuestas por excluidos sociales, oportunistas y el subproletariado que, a falta de empleo en un país en guerra, se alistaron en las instituciones militares, religiosas y órganos policiales. Ello les permitió beneficiarse de todo tipo de ventajas que permitían la renta del petróleo y la destrucción de la clase media.
El humo de la guerra irano-iraquí sirvió para aplastar cualquier voz reivindicativa campesina, obrera, nacionalista kurda, azerí o baluch, intelectual e incluso la de un islam minimalista defendida por los ayatolás Taleghani y Montazeri o el primer presidente del país, Bani Sadr. En la primera década, y tras ejecutar a unos 10.000 disidentes en nombre del Todopoderoso, se instauró un sistema político asombrosamente parecido al nacionalcatolicismo, sujetado por unos tribunales que imitan a la Inquisición cristiana, donde el clero hace de juez y a la vez de fiscal. Hurgan hasta en las mentes y en los sueños de los ciudadanos, cazan feministas por pecadoras, montan autos de fe televisivos y lapidan a seres humanos, en vez de quemarlos en la hoguera.
El autoritarismo laico del sha fue sustituido por un totalitarismo religioso misógino que no sólo es enemigo de los sindicatos y de los partidos políticos, sino que reglamenta hasta el más mínimo detalle del espacio privado de la gente, incluido el color de los zapatos y los abrigos.

Con una estudiada apariencia austera y aspecto devoto, los actuales dirigentes confunden al observador simplista que les compara con la exhibición del lujo hortera del sha. Así, ocultan la grave enfermedad holandesa que padecen: la corrupción nacida de la renta del petróleo sitúa a Irán en la cola del ranking del informe de transparencia. Un ejemplo de ello es que la Ley del Trabajo lleve 20 años bloqueada por unos diputados cuyos hijos estudian en las
mejores universidades europeas.
Con la llegada al poder de Ahmadineyad en 2005, aumentó el peso de los militares en el santo triángulo que han formado junto con los clérigos y los bazaríes (la burguesía comercial), en detrimento de los ayatolás octogenarios. Los Guardianes Islámicos controlan hoy el Gobierno más rico de toda la historia de Irán a la sombra de una cuarta parte de la población que vive por debajo del umbral de la pobreza y soporta una inflación del 30% y una tasa de desempleo del 34%. También prometen que este drama no cambiará el plan de construir 60.000 nuevas escuelas coránicas mientras los terremotos siguen sepultando cada año a miles de personas en sus chozas de adobe. ¿Cómo puede un sistema que aplica un inaudito apartheid de género gobernar a una sociedad en la que dos terceras partes de sus científicos son mujeres?

El Movimiento Verde por los derechos civiles de 2009 –que denunciaba el fraude electoral, el último intento del pueblo para una transición pacífica hacia algo parecido a la democracia– fue ahogado en su propia sangre. ¿Motivos? Los propios líderes de las protestas, Hosein Musaví y el ayatolá Karraubí, eran parte del sistema; temían más una radicalización de las manifestaciones que la represión del núcleo duro del régimen. Karraubí, hoy en arresto domiciliario, ha convocado una marcha pacífica en apoyo a los hermanos árabes para el 14 de febrero. Irán vive una tensa espera.

En 2009 a ninguna potencia extranjera le interesaba un cambio violento en un país como Irán en medio de la crisis económica. En sus declaraciones de la semana pasada, Barack Obama hizo lo mismo que en el caso de Egipto: apoyar al régimen a la vez que aplaudía a quienes lo desafiaban. Bailar sin desmelenarse. Carecía de sentido, además, apoyar a unos reformistas que son antiisraelíes y que están a favor del programa nuclear. Washington pretende debilitar a Irán, no derrocar la Revolución Islámica.
La durísima represión contra los críticos puso en evidencia que los nuevos tiranos no renunciarán a un poder que les ha colocado entre los hombres más ricos del planeta. Es así que Alí Jamenei, el jefe del Estado, pretende que su hijo
Mojtaba, un simple talabé (seminarista), ocupe su cargo, reservado a la máxima autoridad religiosa.
El efecto mariposa del Movimiento Verde ha alcanzado a los países de Oriente Medio haciendo temblar la columna vertebral de las dictaduras más ancladas. Su aleteo volverá a Irán provocando tifones.

Nazanín Amirian es profesora de Ciencia Política de la UNED

Impulsat per

Amb el suport de

Arxiu de videos

Facebook

Twitter